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Bicentenario de la Batalla de La Albuera

 
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Furia Española
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MensajePublicado: Vie May 06, 2011 9:02 pm    Asunto: Bicentenario de la Batalla de La Albuera Responder citando

Hoy comienzan los actos de conmemoración del bicentenario de la Batalla de la Albuera, que tuvo lugar el 16 de mayo de 1811.

Sin duda esta batalla es de las más importantes para expulsar las botas francesas de la Península.

Honor y Gloria a nuestros combatientes.



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MensajePublicado: Sab May 07, 2011 11:14 am    Asunto: Responder citando

No conocía esta interesante batalla. Honor y Gloria para nuestros héroes.



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¿Tu verdad? No, la Verdad, y ven conmigo a buscarla. La tuya, guárdatela.

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MensajePublicado: Sab May 14, 2011 12:55 pm    Asunto: Responder citando

SOCIEDAD
La batalla de Albuera, una gesta heroica de todos
¿Quiénes son en realidad los héroes de La Albuera de Byron? El poema no es la celebración de una victoria, es más bien un epitafio en el que se inscribe una proeza
14.05.11 - 00:43 -
RAMÓN LÓPEZ ORTEGA JOSÉ LUIS ONCINS MARTÍNEZRAMÓN LÓPEZ ORTEGA ES CATEDRÁTICO DE FILOLOGÍA INGLESA DE LA UNIVERSIDAD DE EXTREMADURA JOSÉ LUIS ONCINS MARTÍNEZ ES PROFESOR TITULAR DE FILOLOGÍA INGLESA DE LA UNIVERSIDAD DE EXTREMADURA |

Desde el primer verso Byron presenta La Albuera como un camposanto de gloria y de dolor
El poeta inglés está impresionado por el sacrificio heroico de tantas víctimas en La Albuera

O Albuera, glorious field of grief!
As o'er thy plain the Pilgrim pricked his steed,
Who could foresee thee, in a space so brief,
A scene where mingling foes should boast and bleed.
Peace to the perished!
May the warrior's meed
And tears of triumph their reward prolong!
Till others fall where other chieftains lead,
Thy name shall circle round the gaping throng,
And shine in worthless lays, the theme of transient song.
(Childe Harold's Pilgrimage, Canto I, XLIII)

Quiénes son en realidad los héroes de 'La Albuera' de Byron? El poema no es la celebración de una victoria, y menos la de la tropas británicas, españolas, portuguesas y alemanas comandadas por el mariscal Beresford, es más bien un epitafio.

En George Gordon Byron, autor de este breve homenaje poético a los combatientes de La Albuera durante la Guerra de la Independencia (cuyo bicentenario se celebra el lunes, día 16), se percibe esa contradicción que experimenta una parte considerable de la intelectualidad y el mundo de la creación artística de la Europa de la época ante la Revolución Francesa y su expansión por otros países, sobre todo en su fase napoleónica. Para poner un ejemplo dentro de su marco literario y nacional -el romanticismo poético inglés-, este autor participa del fervor que suscitan estos acontecimientos en figuras del calibre de William Blake, William Wordsworth, Samuel Taylor Coleridge o Robert Southey.

Sin embargo, hay una diferencia sustancial entre Byron y estos ilustres compatriotas suyos. En concreto, mientras estos ven menguar o incluso desvanecerse ese entusiasmo ante el Terror jacobino o el proyecto imperial de Napoleón, que incluye a Gran Bretaña, la lealtad de Byron no ya a la revolución sino sobre todo a la figura de Napoleón Bonaparte permanecerá inalterable. Su admiración por este !soldado del pueblo» («soldier citizen», lo denomina el poeta) supera incluso la prueba de fuego de ver cómo se corona, funda una dinastía imperial y reparte los países conquistados entre sus familiares más cercanos. A esa admiración por el genio militar corso debemos poemas como 'Napoleon's Farewell', 'From the French', 'Ode on the Star of The Legion of Honour' y 'Ode [From the French]'. Nada empaña en sus versos la fascinación paroxística que despierta en él este héroe, ni siquiera alguna que otra leve crítica que se permite en alguno de ellos. En 'Napoleon's Farewell', el sujeto lírico, que no es sino Napoleón a través de la voz del propio Byron, llega a identificarse con la libertad de Francia:

«Farewell to thee, France! -but when Liberty rallies
Once more in thy regions, remember me then,
The violet still grows in the depth of thy valleys;
Though wither'd, thy tear will unfold it
Yet, yet, I may baffle the hosts that surround us,
And yet may thy heart leap awake to my voice
There are links which must break in the chain that has bound us,
Then turn thee and call on the Chief of thy choice!»

El panegírico de su héroe destronado no puede ser mayor. En 'Ode [From the French]', si bien se refiere a algo tan obvio como el golpe mortal asestado a Napoleón en Waterloo, se niega a admitir que éste sea fruto de la derrota infligida por sus compatriotas y sus aliados bajo las órdenes del duque de Wellington -el mismo, por cierto, a cuyo mando estaba el contingente británico en la Península Ibérica-: «The Chief has fallen, but not by you/ Vanquishers of Waterloo!», dice a los soldados victoriosos en tono imprecatorio. Y, por si aún hubiera alguna duda, en 'From the French' hace suya la despedida de los supuestos franceses que no puede ser más elocuente: «My chief, my king, my friend, adieu!».

Conviene tener muy presentes estas observaciones al leer el poema, pues esta postura radical del autor y el credo que la sustenta tienen mucho que ver con su configuración estética. En efecto, del mismo modo que la visión que un novelista tiene del mundo suele incidir, a través del punto de vista narrativo, en el entramado estilístico de su prosa, la actitud ideológica de un poeta determina a menudo la perspectiva desde la que compone su obra. Desde luego, sin tener en consideración el embrión político y la proyección semántica de esa perspectiva sería difícil resolver alguno de los enigmas del texto byroniano. Por ejemplo ¿quiénes son en realidad los héroes de su 'Albuera'? Porque el poema nos habla principalmente de aflicción y de muerte, sin adjetivos nacionales. Desde el primer verso Byron presenta La Albuera como un camposanto de gloria y de dolor, y rinde tributo a los muertos, a los que desea la paz del descanso ('Peace to the perished!'). Nada, sin embargo, nos lleva a pensar que se refiera exclusivamente a quienes lucharon por liberar la Península del invasor francés. Tampoco hallamos en esas líneas clave alguna que permita distinguir a los cuatro millares y medio de bajas que sufre el contingente aliado -entre británicos, españoles, portugueses y alemanes- de los bastante más de seis mil muertos que sumaron, por el lado contrario, franceses y polacos.

También destacan en el poema varios términos relacionados con la victoria, como «galardón del guerrero» («warrior's meed»), «recompensa» («reward») y «triunfo» -palabra que significativamente aparece muy próxima a «lágrimas» («tears of triumph»)-; pero sin especificar quiénes son los vencedores y los vencidos. Es más, al plasmar la batalla como «un escenario cruento en que se entremezclan engreídos enemigos» («a scene where mingling foes should boast and bleed»), el autor parece adoptar una distancia que indicaría la postura de quienes no ven en la guerra sino sus horrores o simplemente una buena dosis de neutralidad. Pero ni el talante pacifista ni la imparcialidad se compadecen precisamente con Byron. Ante la lucha del pueblo griego por su independencia, su compromiso, de palabra y obra, no deja lugar a dudas. La tercera estrofa de 'The Isles of Greece' expresa con nitidez y elocuencia lo que anhela su pensamiento y sueña:

«The mountains look on Marathon
And Marathon looks on the sea;
And musing there an hour alone,
I dream'd that Greece might still be free;
For standing on the Persians' grave,
I could not deem myself a slave».

Y él contribuirá a la realización de ese sueño tan felizmente plasmado en estos versos pocos años después, ya que, como es sabido, perdería la vida precisamente en el escenario del levantamiento de la nación griega contra el dominio turco.

'La Albuera' no es, por lo tanto, la celebración de una victoria, y menos la de la tropas británicas, españolas, portuguesas y alemanas comandadas por el mariscal Beresford. Es más bien un epitafio en el que se inscribe una gesta heroica, pero una gesta de todos; y a saber si en el espíritu de esa letra no tienen prelación los caídos franceses o las bajas de los aguerridos lanceros del Gran Ducado de Varsovia, que combatieron también bajo el mando del mariscal Soult. Semejante preferencia en las simpatías del poeta inglés no debería resultar extraña por más que el grueso de las víctimas aliadas lo formasen compatriotas suyos. Baste recordar la tristeza que le causarían, muy poco tiempo después, derrotas del ejército napoleónico mucho más significativas, como las de la campaña rusa, la 'Batalla de las Naciones' y Waterloo.

En consecuencia, todo parece indicar que lo que Byron conmemora no es ni la presencia ni las batallas de sus compatriotas en la Península Ibérica. Tampoco hay duda de que se siente impresionado por el sacrificio heroico de tantas víctimas en La Albuera. Pero, si tenemos en cuenta su reacción ante los desastres de Rusia, Leipzig y Waterloo, habrá que colegir que los caídos por la Revolución, franceses y polacos en este caso, le duelen más que los otros; más que los propios británicos, y que los españoles, los portugueses y los alemanes. No obstante, conociendo a Byron, hombre sentimental y amante del pueblo sencillo donde los haya, cabe otra lectura quizá más convincente de este poema que, por cierto, no lleva por título ni el nombre de un mariscal o un general ni el de una nación, un ejército o un regimiento, sino el de un pequeño pueblo de Extremadura.

Precisamente ese nombre, nos dice al final de esos versos, es lo único que va a perdurar en la memoria y en el arte («Thy name shall circle round the gaping throng,/ And shine in worthless lays»). El poema, según esta última interpretación, estaría dedicado a aquellos hombres anónimos de La Albuera que, dos años antes de la batalla, le habían recibido con esa hospitalidad ya legendaria que caracteriza a los extremeños; y de los que, como conocería por los partes de guerra, ninguno había sobrevivido a la batalla.

De ese agradable recuerdo que le queda después de su paso por tierras extremeñas y españolas en general, Byron deja constancia muy clara en el mismo 'Canto de Childe Harold' en que incluye el poema objeto de esta reseña. A España se refiere como «lovely Spain» y, acto seguido, le dedica el más sentido de sus piropos, «romantic land». Este sentimiento no puede ser ajeno a aquellas gestas lejanas que traen de nuevo a su memoria las ruinas de fortalezas y castillos que contempla a su paso; ni por supuesto a la belleza del paisaje y a la acogida que por doquier le dispensa el paisanaje. Aunque también hay que añadir que la contundencia y la claridad con que se refiere a esas hazañas pretéritas -»roja resplandecía la cruz mientras la media luna palidecía» («Red gleamed the cross, and waned the crescent pale»)- contrastan demasiado con sus reservas a la hora de conceder laureles en La Albuera.

http://www.hoy.es/v/20110514/sociedad/batalla-albuera-gesta-heroica-20110514.html



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MensajePublicado: Lun May 16, 2011 6:44 am    Asunto: Responder citando

Luego que entró Wellington en Yelves quiso ponerse de acuerdo con los generales españoles sobre el plan de campaña; pero no siéndole posible a Castaños atravesar el Guadiana , á causa de una repentina avenida que se llevó el puente establecido frente de Jurumeña, le envió Wellington una memoria comprensiva de los principales puntos en que deseaba convenirse y eran los siguientes: 1. c que Blake á su llegada se situaria en Jerez de los Caballeros, poniendo sobre su izquierda en Burguillos á Ballesteros: 2.° que la caballeria del 5.° ejército se apostaria en Llerena para observar el camino de Gualdacanal y comunicar con el dicho Ballesteros por Zafra: 5. ° que Castaños se mantendria con su infanteria en Mérnla para apoyar sus ginetes, escepto la division de España, reservada al asedio de Badajoz; y 4. ° que el ejército británico se alojaria en una segunda linea, debiendo en caso de batalla unirse todas las fuerzas en la Albuera, como centro de los caminos que de Andalucia se dirigen á Badajoz.

En la misma memoria indicaba tambien Wellington que si se juntaban para presentar la batalla diversos cuerpos de los aliados, tomaria la direccion el general mas autorizado por su antigüedad y graduacion militar. Obsequio en realidad hecho á Castaños, á quien , en tal caso, correspondia el mando; pero obsequio que él con no menor delicadeza y loable prudencia rehusó, sustituyendo á lo propuesto que gobernaria en gefe, llegado el momento, el general que concurriese con mayores fuerzas: alteracion que mereció la aprobacion de todos. En los demas puntos se conformaron los generales españoles al plan de Wellington.

Resuelto el mariscal Soult á socorrer á Badajoz, despues de tomar en Andalucia todas las precauciones oportunas, salió de Sevilla el 10 de mayo con 50 cañones, 3,000 dragones, una division de infanteria reforzada por un batallon de granaderos perteneciente al cuerpo que mandaba Victor , y dos regimientos de caballería ligera que lo eran del de Sebastiani. Estas fuerzas, unidas á las que se fueron reuniendo en el camino, llegaron á componer'un ejército de 20,000 infantes, 5,000 caballos y 40 cañones. El general Latour Malbourg tomó el mando de la caballeria pesada , y el del 5. ° cuerpo el general Girard. Este ejército sentó el dia 14 su cuartel general en Villafranca.

Poco habia adelantado entretanto Beresford en el sitio de Badajoz. Philippon, que gobernaba en esta plaza, era demasiado militar para dejar de inutilizar la inesperiencia y los débiles esfuerzos de los ingenieros ingleses; y asi fué que al saber el mariscal Beresford la aproximacion de Soult levantó el sitio la noche del 15, hahiendo perdido en él los aliados unos 700 hombres entre muertos y heridos.

Puesto de acuerdo Beresford con los generales españoles, convinieron todos en presentar batalla á los franceses en las cercanias de la Albuera. En su consecuencia espidieron órdenes para reunir alli brevemente todas las tropas del ejército combinado.

Es la Albuera un lugar de corto vecindario, situado en el camino real que de Sevilla va á Badajoz , distante cuatro leguas de esta ciudad y á la izquierda de un riachuelo que toma el mismo nombre, formado poco mas arriba de la union del arroyo de Nogales con el de Cliicapierna. Enfrente del pueblo hay un puente viejo y otro nuevo al lado, paso preciso de la carretera. Por ambas orillas es el terreno llano y despejado. En la de la derecha hay una dehesa y carrascal llamado delaNatera, que encubre hasta cierta distancia el camino real, y sobre ludo la orilla del rio arriba por donde el enemigo tentó su principal ataque. En la márgen izquierda por la mayor parte no se ven árboles ni arbustos, y solo se divisan áridos campos, especialmente en direccion de Valverde. Aqui elevándose insensiblemente la tierra llega á formar unas lomas que se estienden detras de la Allmera, y en ellas se asentó el ejército aliado. . .¡

El de Blake llegó la noche del 15 y se colocó á la derecha en dos lineas: en la primera siguiendo el mismo órden D. José de Lardizabal y D. Francisco Ballesteros que tocaba el camino de Valverde: en la segunda á 200 pasos, D. José de Zayas. La caballeria se distribuyó igualmente en dos lincas , unida ya la del 5,° ejército y toda mandada por el conde Penne Villemur.



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MensajePublicado: Lun May 16, 2011 6:46 am    Asunto: Responder citando

El ejército anglo-portugues continuaba en la misma alineacion , aunque sencilla: su derecha en el camino de Valverde, dilatándose por la izquierda perpendicularmente á los españoles. El general Guillermo Stewart con su segunda division venia despues de Ballesteros, y estaba situado entre dicho camino de Valverde y el de Badajoz; cerraba la izquierda de todo el ejército combinado la divicion del general Hamilton, que era de portugueses. Ocupaba el pueblo de la Albuera con las tropas ligeras el general Alten. La artilleria británica se situó en una linea sobre el camino de Valverde: los caballos portugueses junto á sus infantes al estremo dela izquierda, y los ingleses avanzados cerca del arroyo de Chicapierna, de donde se replegaron al atacar el enemigo. Los mandaba el general Lumley, que se puso á la cabeza de toda la caballeria aliada.

Asi colocado el ejército, llegó D. Francisco Javier Castaños con seis cañones y la division de infanteria de D. Cárlos España, la cual se situó á ambos costados dela de Zayas, ascendiendo los recien venidos con los de Penne Villemur, todos del 5. ° ejército, á unos 5,000 hombres. Tambien se incorporaron al mismo tiempo dos brigadas de la cuarta division británica que regia el general Cole, y que formaron con una de las brigadas de Hamilton otra segunda linea detras de los anglo-portugueses , los cuales hasta entonces carecian de este apoyo. La fuerza total de los aliados se acercaba á 51,000 hombres, mas de 27,000 infantes y 5,6C0 caballos. Unos 15,000 eran españoles, los demas ingleses y portugueses; por lo que siendo mayor el número de estos , encargóse del mando en gefe, conforme á lo convenido, el mariscal Beresford.

Al rayar el alba del 16 de mayo escaramuzaban ya los guietes. La atmósfera cargada anunciaba lluvia. A las ocho avanzaron por el llano dos regimientos de dragones enemigos que guiaba el general Briche con una bateria ligera , al paso que el general Godinot, seguido de infanteria, daba indicios de acometer el lugar de la Albuera por el puente. Los españoles empezaron entonces á cañonear desde sas puestos.

A la sazon los generales Castaños, Beresford y Blake con sus estados mayores y otros gefes, almorzaban juntos en un ribazo cerca del pueblo, entre la primera y segunda linea, y observando los movimientos del enemigo opinaban los masque acometeria por el frente ó izquierda del ejército aliado. Entre los concurrentes se hallaba el coronel D. Bertoldo Schepeler, distinguido oficial aleman, que habia venido á servir de voluntario la justa causa de la libertad española; y creyendo por el contrario que los franceses embestirian el costado derecho, tenia lija su vista hácia aquella parte, cuando descubriendo en medio del carrascal y matorrales de la otra orilla el relucir de las bayonetas, esclamó: «por alli vienen.» Blake entonces le envió de esplorador, y en pos de él á otros oficiales de estado mayor.

Persuadidos todos de que realmente era aquel el punto amenazado, fué preciso Variar 1a formacion de la derecha que ocupaban los españoles: mudanza dificil en presencia del enemigo y mas para tropas que, aunque muy bizarras, no estaban todavia bastanle acostumbradas á evoluciones con la pr esteza y facilidad requeridas en semejantes aprietos, .,, .

No obstante, verificáronlo los nuestros atinadamente, pasando parte de las que estaban en segunda linea á cubrir el flanco derecho de la primera, desplegando en batalla y formando con la última martillo , ó sea un ángulo recto. Acercábase ya el momento terrible: los enemigos se adelantaban por el bosque: á su izquierda traianla caballeria mandada por Latour Malbourg, en el centro la artilleria bajo el general Rnty, y á su derecha la infanteria compuesta de dos divisiones del 5. ° cuerpo mandadas por el general Werlé. Atravesaron el Nogales y el arroyo de Chicapierna, y entonces hicieron un movimiento de conversion sobre su derecha para ceñir el flanco tambien derecho de los aliados, y aun abrazarle, cortando asi los caminos de la sierra, de Olivenza y de Valverde, y procurando arrojar a los nuestros sobre el arroyo Valdesevilla y estrecharlos contra Badajoz y el Guadiana. Mientras que los enemigos comenzaban este ataque, que era, repetimos, el principal de su plan, continuaban el general Godinol y Briche, amagando lo que.se consideraba antes en la primera formacion centro é izquierda del ejército combinado.



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MensajePublicado: Lun May 16, 2011 6:47 am    Asunto: Responder citando

Se empezó, pues, por la derecha el combate formal. Empezole Zayas, le continuó Lardizabal, que habia seguido el movimiento de aquel general, y los siguieron al fin en la pelea todos los españoles, escepto dos batallones de Ballesteros que quedaron haciendo frente al rio de la Albuera: mas lo restante de la misma division favoreció la maniobra de Zayas é hizo una arremetida sobresaliente por el flanco derecho delas columnas acometedoras, conteniéndolas y haciéndolas alli suspendere! fuego. Los enemigos entonces, rechazados sobre sus reservas, insistieron muchas veces en su propósito, si bien en balde; pero al cabo ayudados de la caballeria, mandada porLatour Malbourg, se colocaron en la cuesta de las lomas que ocupaban los españoles.

Acorrió en ayuda de estos la division del general Slewart, ya en movimiento, y marchó á ponerse ála derecha de Zayas; siguióle la de Cole álo lejos, y se dilató la caballeria al mando de Lumley la vuelta de Valdesevilla para evitar la enclavadura de nuestra derecha en las columnas enemigas, siendo ahora la nueva posicion del ejército aliado perpendicular al frente en donde primero habia formado. Alten se mantuvo en el pueblo de la Albuera, y Hamilton con los portugueses, aunque tambien avanzado, quedóse en la linea precedente con destino á atejar las tentativas que hiciese contra el puente el general Godinot.

Por la derecha seguia vivisimo el combate, y adelantándose Stewart con la brigada de Colbourne, una de las de su division, retrocedian ya de nuevo los franceses, cuando sus húsares y los lanceros polacos, á beneficio de un rápido movimiento, arremetieron al ingles por la espalda, dispersaron la brigada insinuada y cogiéronle tres cañones, 800 prisioneros y tres banderas. Ráfagas de un vendaval impetuoso, y furiosos aguaceros, unido al humo delas descargas impedian discernir con claridad los objetos, y por eso pudieron los ginetes enemigos pasar por el flanco sin ser vistos, y embestir á retaguardia. Algunos polacos llevados del triunfo se embocaron por entre las dos lineas que formaban los aliados; y la segunda inglesa creyendo la primera ya rota, hizo fuego sobre ella y sobre el punto donde estaba Blake: afortunadamente descubrióse luego el engaño.

En tan criticos momentos se sostuvo siempre firme un regimiento de los de la brigada de Colboorne, y dió lugar á que Stewar con la de Honghton volviese á renovar la acometida. Hizolo con el mayor esfuerzo ; ayudóle colocándose en linea la artilleria bajo el mayor Dickson, y tambien otra brigada de la misma division que se dirijió á la izquierda. D. José de Zayas con los suyos empeñóse segunda vez en la lucha y lidió valerosamente. La caballeria apostada á la derecha del llanco atacado, reprimió al enemigo por el llano, y se distinguió sobre todo y favoreció á Stewart en su desgracia la del 5. ° ejército español, acaudillada por el conde Penne Villemur y su segundo D. Antolin Itiquilon. •, ;i.,

La batalla seguia encarnizada y brava, y habiendo cesado la lluvia permitia obrar

á las claras. Ninguno de los ejércitos cejaba, y se hacian mútuas y repetidas descargas á medio tiro de fusil: terrible era el estruendo y tumulto de las armas, estrepitosa la altanera voceria de los contrarios. Por toda la linea se habia empeñado la accion; y en el frente primitivo y en el puente de la Albuera tambien se combatia. Alten aqui defendió el pueblo vigorosa mente, y Hamilton con los portugueses y los dos batallones españoles, que dijimos habian quedado en la posicion primera, protegiéronla de un modo el mas audaz y distinguido.

Dudoso todavia el éxito, cargaron en fin al enemigo las dos brigadas de la division de Cele; la una portuguesa bajo el general Harvey se movió por entre la caballeria de Lumley y la derecha de las lomas, sobre cuya posesion principalmente se peleaba, y la otra que conducia Myers encaminóse adonde Stewart batallaba.



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MensajePublicado: Lun May 16, 2011 6:55 am    Asunto: Responder citando

Poco despues Zayas, animado en vista de este movimiento, arremetió en columna cerrada arma al brazo, y hollábase á diez pasos del enemigo ála sazon que flanqueado este por portugueses de la brigada de Harvey, volvió la espalda, y arremolinándose sus soldados y cayendo unos sobre otros, en breve fugitivos todos, rodaron y se atrepellaron la ladera abajo. Su cabulleria, numerosa y superior á la aliada, pudo solo cubrir repliegue tan desordenado. Repasó el enemigo los arroyos y se situó en las eminencias de la otra orilla, asestando sn artilleria para protejer, en union cnn los ginetes, sus deshechas y casi desbandadas huestes.

No los siguieron mas allá los aliados, cuya pérdida habia sido considerable. La de solo los españoles ascendia á 1,565 hombres entre muertos y heridos: de estos fué D. Cárlos España; de aquellos el ayudante primero de estado mayor D. Emeterio Velarde, que dijo al espirar: «Nada importa que yo muera si hemos «ganado la batalla.» Los portugueses perdieron 565 hombres: los ingleses5,014 y 600 prisioneros; pues los otros se salvaron de las manos de los franceses en medio del bullicio y confusion de la derrota. Perecieron de los generales británicos Houghton y Myers: quedó herido Slewart, Cole y otros oficiales de graduacion.

Los franceses perdieron 8,000 hombres: murieron de ellos los generales Pepin y Werlé, y fueron heridos Gazañ, Maransin y Bruyer. La mucha sangre que corrió en la memorable batalla de la Albuera, prueba, mejor que cuanto pudiera decirse de ella, el corage y valor con que pelearon ambos ejércitos, asi como sus resultados hacen el mas completo elogio de los gefes del aliado, que, no c.n atrincheramientos ui detras de robustas murallas, sino ;'i pecho descubierto y cu batalla campal arrancaron al mariscal Soult el laurel de la victoria.

Las córtes, en justa recompensa á los valientes que con tanta gloria se batieron en aquella accion, hicieron la mas honorifica conmemoracion delas fuerzas aliadas, á las cuales dieron las gracias en nombre de la nacion , declarando benémerito de la patria al ejército español, con órden de que fmalizada la guerra se erigiese en la Alhuera un monumento. La Regencia concedió al mariscal Beresford el grado de capitan general de los ejércitos españoles , y al general Casianos la gran cruz de Cárlos III, y agració con un grado á los oficiales mas antiguos de cada clase.

El parlamento británico, por un acuerdo sin ejemplo en sus anales , declaró «reconocer altamente el distinguido valor é intrepidez con que se habia conducido «el ejército español del mando de S. E. el general Blake en la batalla de la Al«buera.»

El 19 llegó lord Wellington al Guadiana con las dos divisiones que dijimos habia sacado de sus cuarteles del norte. Visitó el mismo dia el campo de la Albuera, pesaroso quizás de no baber sido participe de la gloria alcanzada por los que en él combatieron. A los pocos dias envió á Beresford á Lisboa para organizar nuevas tropas. Algunos vieron en esta comision cebs de los laureles adquiridos por aquel; mientras otros la atribuyeron á las buenas disposiciones de Beresford para disciplinar gentes bisoñas. Nosotros, sin poder decidirnos entre tan contrarias opiniones, las apuntamos solo para observar la exactitud de la historia. Habiendo regresado de Londres el general Hill, ya restablecido de su dolencia, volvió á tomar el mando de la segunda division británica encomendada en su ausencia á Beresford, con las demas tropas anglo-portuguesas que por lo comun maniobraron á la izquierda del Tajo.

El mariscal Soull, para ocultar su derrota y aparentar que no habia perdido la batalla, permaneció todo un dia detras de la Alhuera, á media legua del campo en que se dió , sembrado de cadáveres de su ejército, que temblaba por momentos verse atacado, pues preveia entonces cierta su derrota. Llamó el mariscal toda la tropa que podia sacar de Andalucia despues de dejar á cubierto los puntos principales, y se ocupó en acopiar viveres, que escaseaban en su ejército, lo cual empezaba á causar en este disgusto y quejas, pues los soldados franceses, en medio de su ponderada disciplina, mas aparente que real y verdadera, no sobrellevaban las escaseces con la sufrida paciencia que los españoles; y por eso no siempre es justo culpar á los gefes delas vejaciones cometidas por las tropas imperiales, ejecutadas muchas veces contra la voluntad y órdenes de aquellos.

http://books.google.es/books?id=MfuygCFrdrIC&dq=El%20mariscal%20Soult%2C%20para%20ocultar%20su%20derrota%20y%20aparentar%20que%20no%20habia%20perdido%20la%20batalla&pg=PA182#v=onepage&q=luego%20que%20entr%C3%B3%20Wellington%20en%20Yelves&f=false



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