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Desmembramiento de la URSS
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Xoel_1988





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MensajePublicado: Lun Feb 14, 2011 9:42 pm    Asunto: Desmembramiento de la URSS Responder citando

Bueno, hace poco hice un breve trabajo sobre la desintegración de la Unión Sovitética para el que me tenía que basar exclusivamente en información extraída de internet (según parece, para que aprendamos a seleccionar información de la web en plan profesional para hacer cosas básicas -no trabajos de investigación serios, por supuesto...-). No es gran cosa, ya lo adelanto, y es verdad que para ponerse a leerlo hay que echarle ganas, pero por si alguien le interesa... Las imágenes y esas cosas iban en el power point, pero si tal las subo aquí también.


LA DESINTEGRACIÓN DE LA URSS


OBJETIVOS

La caída y desintegración de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas provocó un cambio crucial que afectó en todos los ámbitos –política, economía, sociedad…- no solo en las nuevas repúblicas que surgieron de ella, sino que alteró el orden internacional, al significar la caída de uno de los dos bloques que polarizaban el mundo y la subsiguiente conversión de los EE.UU. en la potencia hegemónica indiscutible. Es por esto que considero que este tema es sumamente interesante y resulta atractivo para analizar históricamente. En el presente trabajo lo que se pretende es, mediante el empleo de la información a la que podemos acceder en internet, conocer un poco mejor este proceso histórico y explicar de un modo, eso si, bastante sucinto, sus causas, desarrollo y consecuencias.



INTRODUCCIÓN

El último período de la existencia de la URSS se puede encuadrar entre los años 1985 y 1991, en el que las distintas reformas emprendidas por el gobierno de Mijail Gorbachov acabaron por provocar, sin pretenderlo, el definitivo colapso y la subsiguiente desintegración de la potencia comunista en una serie de nuevos Estados nacionales que rompieron con el modelo político y económico socialista, pasando a integrarse en el capitalismo -al que el caído régimen soviético se oponía como cabeza de su antagónico bloque comunista-.

Debido posiblemente a la atención prestada al desarrollo en el campo puramente militar en detrimento de la debida atención a la economía doméstica, el crecimiento económico de la URSS en la década de los 70 pasó a ser negativo –tendencia que será cada vez más marcada en los 80-, empezando a mostrar así unos resultados contradictorios, puesto que al mismo tiempo que era una gran potencia militar y política, tenía un insignificante peso comercial; era la segunda potencia industrial a nivel mundial pero no era capaz de producir bienes básicos y de consumo suficientes para cubrir las necesidades de su población.

Este retroceso en la economía soviética provocó un importante malestar en la población, y las fallidas reformas llevadas a cabo por Gorbachov en este ámbito, así como en la política, y la fracasada intervención en Afganistán no hicieron sino agravarlo. Al mismo tiempo a este problema hay que sumarle la cada vez mayor importancia que fueron cobrando las tendencias nacionalistas en algunas de las Repúblicas Federadas –especialmente las del Báltico-, que se mostraban más reticentes a aceptar el omnímodo poder central de Moscú. Todo esto provocó que tras la victoria en las elecciones de Boris Yeltsin, en diciembre de 1991 la bandera soviética situada en lo alto del Kremlin moscovita fuera sustituida por la tricolor rusa, momento que refleja gráficamente la caída del “Imperio Soviético”.

También hay que tener en cuenta el contexto internacional en el que tiene lugar esta desintegración de la URSS, que es el de la caída de los regímenes comunistas que se habían mantenido en Europa del Este desde el fin de la II Guerra Mundial, lo que ponía de manifiesto el fracaso del sistema socialista y dejaba a la Unión Soviética en una situación mucho más débil que poco tiempo atrás, al perder su “barrera natural”: las fricciones entre los Estados integrantes del Pacto de Varsovia se intensificaron, pese a que en el año 1989 el gobierno de Moscú ya había rechazado continuar con la “Doctrina Brezhnev”, posicionándose en contra de la intervención en los asuntos internos de sus Estados satélite (lo que se denominó como “Doctrina Sinatra”), algo que acabaría resultando contraproducente para sus intereses. En noviembre de ese año cayó el muro de Berlín, lo que acabaría dando lugar a la reunificación alemana bajo el modelo capitalista, y posteriormente accedieron al poder destacados disidentes como Vaclav Havel en Checoslovaquia (29 de diciembre de 1989) o Lech Walesa -antiguo líder del importante sindicato "Solidaridad”- en Polonia (9 de diciembre de 1990). De este modo, todos los Estados-satélite soviéticos vieron caer a sus gobiernos comunistas, bien por medio de elecciones populares, bien por una sublevación popular como sucedió en Rumanía –que finalizó con la deposición y fusilamiento de Nicolas Ceaucescu, el “Conducator”-. Ya en 1991 los regímenes socialistas de Bulgaria, Checoslovaquia, la República Democrática Alemana, Hungría, Polonia y Rumanía habían caído.



CRISIS ECONÓMICA Y REFORMAS DE GORBACHOV

Como anteriormente se ha comentado, desde la década de los 70, la URSS arrastraba una crisis económica que se fue agudizando progresivamente en los 80, momento en el que había llegado a una situación prácticamente insostenible, ya que a la ineficacia de la planificación centralizada se unían el enorme peso de los gastos militares –cada vez mayor, sobre todo tras el inicio de la conocida como “Guerra de la Galaxias” lanzada por el presidente estadounidense Ronald Reagan-, el retraso tecnológico y el escaso nivel productivo de los desmotivados trabajadores soviéticos. Al no ser detenida adecuadamente esta crisis por la moderada apertura y las sucesivas reformas que se llevaron a cabo desde el propio Partido Comunista de la Unión Soviética, aquella terminó por debilitar seriamente los cimientos del propio sistema político socialista.

La apertura comenzó por la vía del comercio exterior, proceso impulsado por la necesidad de la importación de cereales y de la aceleración del desarrollo económico de la Federación. Sin embargo, este aperturismo llevaba necesariamente hacia una cierta liberalización económica que acabó provocando las peticiones de democratización del régimen, y éstas eran contrarias al sistema político vigente en la URSS hasta ese momento, y desde 1917.

Una echa clave que marcará este proceso de apertura es la subida al poder de Mijail Gorbachov, que se produjo tras la muerte de Konstantin Chernenko, cuando el Politburó lo eligió para el puesto de Secretario General del Partido Comunista (11 de marzo de 1985), hecho que marcó la subida al poder de una nueva generación de “tecnócratas” relativamente jóvenes favorables a una reforma que tenía el objetivo de lograr mayor rigor, agilidad y eficacia en la gestión de la economía, y que habían comenzado sus carreras políticas durante el proceso de "desestalinización" iniciado en la época de Nikita Jrushchov. Estos personajes en seguida consolidaron su poder dentro del PCUS, y proporcionaron así un nuevo ímpetu a la liberalización política y económica, oponiéndose de este modo a los burócratas que tradicionalmente habían mantenido el control del Partido.

Ya en 1986, poco después de alcanzar la Secretaría General, Gorbachov inició un ambicioso programa de reformas que pretendían dotar de mayor eficacia al sistema económico socialista, pero que, pese a no ser su objetivo, acabaron por afectar a aspectos fundamentales del sistema soviético. Estas medidas fueron los programas de glasnost –apertura informativa-, perestroika -reestructuración económica-, y uskoreniye -aceleramiento del desarrollo económico, término que fue sustituido tras su fracaso por el ya mencionado de perestroika, que seguía la misma línea, pero con una ambición mayor-.

El glasnost derivó en una mayor libertad de expresión y prensa –incluso miles de presos políticos y disidentes fueron liberados- y permitió un primer paso importante en la apertura como era el reconocimiento de la gravedad de los problemas de diversa índole que acuciaban a la URSS en esos momentos. Esta cierta libertad de expresión abrió el camino a debates que pusieron por primera vez al descubierto -tanto para la población como para el exterior- los fallos y contradicciones del sistema. Así, se permitió la investigación y publicación acerca de muchos temas previamente prohibidos (como las profundas diferencias económicas existentes, el alto nivel de alcoholismo de la población, el consumo de drogas, el número de delitos, suicidios o abortos, los problemas de la vivienda, los índices de mortalidad infantil, etc.) y se empezaron a realizar incluso encuestas públicas de opinión –a este respecto se fundó el Centro de la Unión para la Investigación de Opinión Pública (VCIOM), destinado a la investigación electoral-, los archivos estatales se hicieron más accesibles para los investigadores, etc. El descontento de la población iba en aumento, y esto se debe, además de por la difusión del conocimiento de todos estos problemas, al fracaso que resultó la invasión soviética de Afganistán o la desastrosa gestión del gobierno en la catástrofe nuclear de Chernobil, que fueron asimismo conocidos.

El objetivo de la perestrioka era convertir el sistema de gestión centralizado comunista en un sistema más adaptado al mercado moderno, en el que se permitió una cierta autonomía regional, del mismo modo que llevó consigo una lucha contra algunos males casi endémicos de la URSS, como lo eran la corrupción, el alcoholismo y el absentismo laboral. En este marco se produjo una cierta liberalización económica que permitió a las empresas tomar decisiones sobre su gestión sin la obligación de consultar previamente a las autoridades y fomentó la empresa privada y las sociedades conjuntas con un número limitado de compañías extranjeras -impulsando así la inversión exterior-. Así, poco a poco se fueron introduciendo actividades económicas privadas, mediante la paulatina introducción de contratos individuales, la venta de un gran número de empresas estatales, reformas monetarias e incluso del sistema bancario. De este conjunto de medidas se pueden señalar una de especial relevancia como lo fue la “Ley sobre Cooperativas” de mayo de 1988, que permitía la propiedad privada de negocios en los servicios, la industria e incluso algunos sectores del comercio exterior –ley que si bien en un principio imponía altos impuestos y restricciones, fue posteriormente revisada para alentar la actividad privada-. Al mismo tiempo que se decretaban estas transformaciones económicas, se llevó a cabo también una cierta democratización de la vida política soviética: en enero de 1987 se aprueba la pluralidad de candidatos en los comicios, y en junio de 1988, en la XIX Conferencia del PCUS, Gorbachov impulsó reformas radicales destinadas a reducir el control del partido sobre el gobierno, que derivaron en la fundación de un “Congreso de los Diputados del Pueblo” -que pasaría a ser el nuevo cuerpo legislativo de la Unión Soviética-. Las elecciones a este nuevo Congreso finalmente se celebraron en los meses de marzo y abril de 1989, y tras ellas, ya el 15 de marzo de 1990, Mijail Gorbachov fue elegido primer Presidente de la Unión Soviética. Sin embargo, pese a estos intentos, la situación era ya insostenible: en 1989 por primera se iniciaba la recesión económica y el déficit mercantil alcanzó su techo máximo; incuso muchas de las mercancías básicas fueron racionadas. Asimismo los gastos del Estado aumentaron bruscamente por la petición de ayudas que solicitaron numerosas empresas deficitarias al mismo tiempo que los ingresos fiscales disminuían al ser retenidos por repúblicas y las administraciones municipales que invocaban la creciente autonomía regional (también influyó la fuerte campaña anti-alcohol, que aunque fue un éxito, supuso un duro golpe a un sector que aportaba casi el 12% de los ingresos estatales).
Las consecuencias de todas estas reformas fueron incontrolables para Gorbachov y provocarían la disolución de la URSS ya que, sin pretenderlo, la Perestroika, con la profunda transformación de la economía planificada provocó la reforma del sistema político, lo que inevitablemente llevó a replantear el papel del Partido Comunista y las relaciones entre las distintas Repúblicas Federadas.


LA DESINTEGRACIÓN DE LA UNIÓN SOVIÉTICA

El inicio del proceso de desintegración política de la URSS se puede situar en el ya referido XIX Congreso del PCUS, momento en el que se había abierto la puerta a la reforma constitucional y a una nueva ley electoral para la constitución del nuevo “Congreso de los Diputados del Pueblo”. La facción más dura del Partido Comunista, pieza clave del engranaje del sistema soviético, perdía poder ante los partidarios de la reforma y finalmente el PCUS aceptaba renunciar al privilegio de ser el partido único y a su papel dirigente concedido por la Constitución soviética –esto se plasmó en 1990, con la modificación del artículo 6º, dando así paso al pluripartidismo (hay que destacar que ya en 1991 el PCUS incluso renunció al marxismo-leninismo)-.

En este proceso de derrumbamiento soviético se pueden señalar acontecimientos puntuales que tuvieron especial relevancia en su desarrollo, como el referéndum celebrado en toda la URSS el 17 de marzo de 1991 –pero boicoteado por las Repúblicas Bálticas (Estonia, Letonia y Lituania), Armenia, Georgia y Moldavia-, en el que un 78% del total de los electores votó a favor de la permanencia de la Unión Soviética, pronunciándose también a favor de la reforma de la misma. Tras darse a conocer estos resultados, Armenia decidió reincorporarse a la discusión acerca del futuro de la Unión.

El 12 de junio de 1991, Boris Yeltsin obtuvo el 57% de los sufragios en las elecciones democráticas para la presidencia de la República Socialista Federativa Soviética de Rusia, derrotando a Nikolai Ryzhkov, candidato apoyado por Gorbachov, que sólo sumó un 16%. Durante su campaña electoral, Yeltsin criticó la “dictadura del centro", si bien prometió que evitaría el aumento de los precios, aunque no la introducción de una economía de mercado sostuvo. Yeltsin tomó posesión del cargo el 10 de julio, marcando un punto de inflexión en el desarrollo de la política soviética hasta su caída; también adelantaba la importancia que tendría Boris Yeltsin en los años venideros.

En este contexto, Mijail Gorbachov intentaba reestructurar la URSS en un Estado menos centralizado, y para ello se había redactado un nuevo Tratado de Unión, cuya firma estaba programada para el día 20 de agosto de 1991, y que debía convertir la Unión Soviética en una federación de Repúblicas independientes que tendrían en común un Presidente y la política exterior y de defensa, al mismo tiempo que preservaba el control del PCUS sobre la economía y la sociedad. Este nuevo tratado tenía el apoyo de las repúblicas del Asia Central. Así, los reformistas más radicales estaban cada vez más convencidos que se requería una transición rápida a una economía de mercado, aunque el resultado provocara la desintegración de la URSS. Este aspecto coincidía con el deseo de las autoridades locales –como el propio Boris Yeltsin-, de lograr sobre sus territorios el control absoluto. Sin embargo, y frente a estas posturas, se encontraban los miembros más reaccionarios del Partido Comunista y el Ejército soviético, aún con un bastante poder, contrarios al nuevo tratado, al que se oponían frontalmente –ya que para ellos significaría el debilitamiento de la Unión-.

Esto fue caldo de cultivo para que, el 19 de agosto de 1991, el vicepresidente Gennadi Yanayev, el primer ministro Valentin Pavlov, el ministro de defensa Dmitri Yázov, el jefe de la KGB Vladimir Kryuchkov y otros altos funcionarios dieron un golpe de Estado para evitar la firma del nuevo Tratado de Unión, formando para ello un "Comité Estatal de Emergencia” –conocido como la “Banda de los ocho”- que puso a Gorbachov bajo arresto domiciliario, introdujo nuevamente la censura política, intentó restaurar el Estado tal y como estaba antes de las reformas y decretó el estado de emergencia. Mientras esto sucedía, miles de personas salieron a defender en Moscú la "Casa Blanca", la oficina de la presidencia de Yeltsin, que lideró la oposición masiva al golpe, que acabó fracasando tras tres días, el 21 de agosto, cuando los conspiradores fueron detenidos, y le fue devuelta a Gorbachov la presidencia de la Unión Soviética. Sin embargo, sus poderes se vieron comprometidos.

Debido a esto, a lo largo del otoño de 1991 el gobierno ruso asumió el control de la URSS sobre su territorio, hasta que ya en noviembre Yeltsin decretó la prohibición del PCUS en la República rusa, tras lo que muchos burócratas del Partido pasaron a entrar en la nueva estructura del gobierno. El 21 de diciembre los representantes de todas las repúblicas soviéticas excepto Georgia firmaron el “Protocolo de Alma Ata”, confirmando la disolución de la URSS.

Finalmente, el 25 de diciembre de 1991 Mijail Gorbachov dimitió como presidente de la Unión Soviética, declarando la presidencia extinguida y traspasando sus poderes restantes al presidente de Rusia.


Además de todos estos acontecimiento, otro elemento clave para este proceso disgregador fue la eclosión de movimientos nacionalistas en las distintas repúblicas integrantes de la Federación, que desde mediados de los 80 se manifestaron contra la “rusificación” que desde época de Stalin se estaba produciendo en toda la Unión Soviética, algo que se mostraba también en la preponderancia rusa en el propio Partido Comunista -lo que demostró que la supuesta “fusión de los pueblos” no era tal; ni siquiera se habían podido erradicar las rivalidades entre los distintos grupos étnicos-. Pero pese a esta tensión subyacente, el estallido de las tensiones nacionalistas solo se produjo por la suma de la crisis económica, el debilitamiento del poder central y la pérdida de influencia del PCUS. Esta influencia ganada por los movimientos nacionalistas disgregadores acentuó la crisis económica, ya que dificultó la aplicación de las reformas, y aceleró la caída del Estado soviético.

Nacionalistas y reformistas radicales consiguieron amplias victorias en las elecciones a las asambleas regionales de las distintas repúblicas federadas soviéticas, y éstas comenzaban a afirmar su soberanía nacional frente a Moscú, iniciándose así una especie de "guerra de leyes" con el gobierno central por la que fueron rechazando la legislación unitaria en las materias en que entrara en conflicto con normativas regionales, afirmando así su control sobre sus propias economías y rechazando enviar sus ingresos fiscales a Moscú, en un momento en el que el gobierno tenía mucha menos capacidad para imponer su voluntad a las repúblicas por el debilitamiento del sistema de represión política interna.

No obstante, y pese a que los grupos nacionalistas fueron importantes en todas ellas, las distintas Repúblicas actuaron de un modo distinto para alcanzar su independencia; así las que mostraron una tendencia más radical fueron las bálticas, y las que menos las centroasiáticas:

En el caso de las Repúblicas Bálticas (Estonia, Letonia y Lituania), los primero acontecimientos con relevancia en este aspecto fueron la “Revolución Cantada” –conjunto de protesta y manifestaciones acaecidos entre 1987 y 1990, cuando logran la separación de la URSS-, la “Cadena Báltica” –una gigantesca cadena humana de más de 600 km de longitud que atravesó las tres Repúblicas, pasando por sus capitales, el 23 de agosto de 1989, con la que pretendían llamar a la atención de la comunidad internacional sobre la situación de opresión que sufrían estos países por parte del gobierno de Moscú-, o la multitudinaria manifestación convocada en enero de 1990 en Vilnius por la organización pro-independentista y anti-comunista lituana Sajudis con motivo de la visita de Mijail Gorbachov.

En el caso de Lituania, tras el triunfo en las elecciones de 1989 de Sajudis, fue elegido Presidente, ya en el año 1990, Vytautas Landsbergis, que proclamó la independencia el 11 de marzo de ese mismo año. A esto resiguió inmediatamente una dura réplica soviética, con la ocupación militar de Vilnius, lo que acabó provocando la suspensión de la independencia dos meses después, aunque tras el fracaso del golpe de Estado de agosto de 1991 en Moscú, finalmente la independencia lituana fue ya incuestionable, y de hecho fue reconocida internacionalmente. En lo que respecta a Letonia, la conflictividad fue algo menor, y finalmente su independencia de Moscú fue ratificada el 21 de agosto de 1991. Por su parte, Estonia siguió un camino similar: el FPE y otros grupos nacionalistas lograron una amplia mayoría en las elecciones, tras lo que el 8 de mayo se proclama la restauración de la independencia, aplazada y declarada ilegal por Moscú, pero ratificada en referéndum en marzo, si bien no será materializada el 20 de agosto, tras el fracaso del golpe de Estado en Moscú.

Otra República en la que el movimiento independentista tuvo una gran pujanza fue Moldavia, pese a lo que no proclamó su independencia hasta agosto de 1991, con la desaparición de la Unión Soviética, siendo nombrado presidente Mircea Snegur. En un primer momento tuvo importancia un movimiento pro-reunificación con Rumanía, pero la conservación de la independencia recibió una enorme mayoría de votos en un referéndum efectuado en 1994.

También Ucrania, pese a ser de población eslava, se mostró partidaria de la independencia; así el 16 de julio de 1990 el nuevo parlamento firmó la Declaración de Soberanía Estatal, y el 1 de diciembre de 1991 tuvieron lugar un referéndum independentista –apoyado por el 90% de los electores- y las primeras elecciones presidenciales, resultando elegido Leonid Kravchuk.

Otro caso especialmente destacado es el de las Repúblicas Caucásicas, en donde los movimientos nacionalistas también tenían una destacada presencia. Los conflictos en la zona comenzaron en 1988 en Nagorno-Karabaj -región de mayoría armenia integrada en Azerbaiyán-, con los enfrentamientos entre armenios y azeríes, comenzando oficialmente una guerra entre ambas repúblicas en 1991, que se prolongaría hasta 1994, y que finalizaría con la permanencia de aquella región en Azerbaiyán. Esta área geográfica fue la que asistió a la primera declaración de independencia, que fue la de Najicheván –perteneciente a Azerbaiyán- en enero de 1990, que enseguida fue anulada. En cuanto al caso individual de cada República: Armenia declara su independencia de la URSS en 1991; Georgia hizo lo mismo en ese mismo año, pero poco después de la elección de Zviad Gamsakhurdia como presidente se desencadenó una guerra civil que se prolongó hasta 1995; Azerbaiyán y Georgia alcanzaron su independencia también en 1991, si bien el año anterior ya había dado importantes pasos para lograrla.

Sin embargo, las Repúblicas de Asia Central no mostraron un gran interés por la consecución de la independencia pese a su marcado carácter islámico, ya que su dependencia económica de las restantes repúblicas –especialmente de la RSS de Rusia- era enorme, lo que les llevó a mostrarse partidario del “Nuevo Tratado de la Unión” propuesto por Gorbachov. De todos modos, una vez la desintegración soviética se hacía imparable, emprendieron también el mismo camino que las otras Repúblicas; así Uzbekistán, Turkmenistán y Kirguizistán se independizaron sin conflicto alguno, pero también con poco entusiasmo, Kazajistán –pese a las protestas del año 1989 contra la URSS por las pruebas nucleares que se realizaban en ese territorio- hizo lo mismo, aunque el escaso interés por parte de la población y de su líder, Nursultán Nazarbayev, hizo que fuera la última República en declarar la independencia; el caso de Tadjikistán fue particular porque a la separación de la Unión Soviética en 1991 le sucedió, el año siguiente, una cruenta guerra civil que se prolongó hasta 1997.

Sin embargo, la independencia de las Repúblicas ahora ex-soviéticas no significó, ni mucho menos, el fin de los conflictos étnicos, sino que más bien ocurrió precisamente lo contrario: todos los nuevos Estados tenían minorías dentro de sus fronteras que, a su vez, también reivindicaban su propia autonomía o independencia política. Así, desde los primero momentos de la independencia y hasta la actualidad, los conflictos se han ido multiplicando, con el consiguiente aumento de la inseguridad y la acentuación de la situación de caos general. Algunos de estos conflictos derivaron en auténticas guerras civiles que sumieron aún más a los nuevos Estados en una profunda crisis económica y social de difícil superación, que ya era de por si importante en los primeros momentos que siguieron a la disgregación de la URSS.

No obstante, hay que señalar que estos conflictos de carácter étnico que tanto marcaron la caída y desintegración soviética obedecen a distintos factores, y por ello se pueden clasificar en distintos tipos o categorías:

En primer lugar se pueden citar a los conflictos derivados de reivindicaciones territoriales, que son los más numerosos y se relacionan con el trazado de las fronteras entre las distintas Repúblicas Socialistas Soviéticas que integraban la URSS, o también con las deportaciones masivas de pueblos que Stalin decretó tras la II Guerra Mundial. Los más destacados son: el conflicto del Alto Karabaj, ya mencionado en el presente trabajo, (Nagorno-Karabaj es un enclave con mayoría poblacional armenia situado en el territorio de Azerbaiyán, cuya soberanía ha provocado una guerra entre estos dos pueblos –que además ya tenían una larga tradición de rivalidad, ya que los armenios son indoeuropeos y cristianos, mientras que los azeríes son turcófonos y musulmanes- que ha provocado el desplazamiento de unos 500.000 azeríes de Armenia y de casi toda la población armenia –aproximadamente otros 500.000- de Azerbaiyán); los conflictos que afectan al actual Estado de Georgia, como son el de Osetia del Sur (que se consideró como una república autónoma dentro de la propia Georgia, pero que desde un primer momento mostró su deseo de unificación con la vecina Osetia del Norte, república también autónoma integrada dentro de la Federación Rusa), y el de Abjasia, (con el mismo status que la anterior, pero con la característica de tener mayoría musulmana; declaró su independencia de Georgia en 1992, provocando una guerra que a fecha de hoy aún no está del todo resuelta); el conflicto de Transnistria (provocado por las minorías minoría rusa y ucraniana que se encontraban –y dominaban- en esa región de Moldavia. Éstos declararon independientes los territorios al Este del río Dniéster, ante el temor de que Moldavia terminase unificándose con Rumanía. Sus intereses fueron defendidos por el ejército ruso, y la cuestión aún no se ha resuelto adía de hoy); las reivindicaciones por parte de Crimea (región ucraniana poblada en su mayoría por rusos que pretendían una mayor autonomía o incluso su reunificación con Rusia); el conflicto de Tadjikistán (también mencionado en este trabajo; en este país estalló una guerra civil en la que las diferencias políticas, étnicas y religiosas se mezclaron con los problemas económicos, que finalizó en 1997, afianzándose en el poder Emomali Rajmonov, que lo venía ejerciendo desde la independencia en 1992), etc.

El siguiente tipo de conflicto étnico es el que tiene su origen en la grave situación socioeconómica derivada de la desintegración de la URSS, y que hasta ese momento los analistas consideraban como propias del Tercer Mundo. La desorganización de las estructuras económicas y comerciales provocaron la aparición del paro y un aumento de la pobreza, lo que produjo un acusado incremento de la xenofobia, radicalizándose los conflictos étnicos latentes, lo que desembocó en sucesos como las matanzas de armenios en Azerbaiyán –dentro del contexto ya señalado anteriormente- o las agresiones de uzbecos contra poblaciones caucásicas que fueron deportadas por Stalin a la RSS de Uzbekistán en la postguerra mundial.

Finalmente, el tercer tipo corresponde a los conflictos de soberanía que surgieron en el interior de Rusia: Tataristán (o Tartaria) declaró su independencia, pero el gobierno de Yeltsin logró controlar la situación por medio de la concesión de un nuevo estatuto de autonomía en el que se concedían algunas reivindicaciones. Sin embargo, en el caso de Chechenia, que también se declaró independiente, la situación se resolvió –y no de un modo definitivo- con la intervención del ejército ruso, que arrasó la ciudad de Grozni. Asimismo podríamos incluir en este tipo de conflictos lo ya referidos de los rusófobos de la república del Transnistria en Moldavia y la de la república autónoma de Abjasia en Georgia. Esta situación provocó en los años inmediatamente posteriores al derrumbamiento de la Unión Soviética un sentimiento de inseguridad entre los rusos que residían en las repúblicas ex-soviéticas, puesto que pasaron a ser unas minorías acosadas en estos nuevos Estados independientes. Esto provocó un movimiento de retorno desde todos los rincones de la antigua URSS entre los años 1990 y 1994 que significó la vuelta de alrededor de 7 millones de rusos hacia el territorio de la nueva Federación Rusa (de un total de 25 millones que vivían en otras repúblicas en 1989), si bien lo que permanecieron se convirtieron en minorías fuertes e influyentes empeladas como elemento de presión por parte de Moscú.



LA CEI Y LA REESTRUCTURACIÓN DEL ESPACIO EX-SOVIÉTICO

Cuando la disolución de la URSS se empezaba a sumir como algo inevitable, el día 8 de diciembre de 1991 los líderes de Rusia, Bielorrusia y Ucrania se reunieron, y empezó a tomar cuerpo la idea de crear una Comunidad de Estados Independientes abierta a todas las repúblicas de la Unión Soviética, y el 20 de ese mes, cinco días antes de la dimisión de Gorbachov, once de las quince Repúblicas soviéticas (todas excepto Estonia, Letonia, Lituania y Georgia, que se adhirió en 1993, y se retiró en 2008) constituían esta nueva organización, ratificada oficialmente en Minsk (capital de Bielorrusia). La CEI se conformó como una nueva estructura que sustituía a la desaparecida URSS para gestionar el espacio ex-soviético.

Las razones de la decisión de conformar una organización supranacional se deben esencialmente a la intención común de “liquidar” lo más civilizadamente posible la herencia soviética, que pese a todo no querían que se hiciera de un modo total y traumática, debido a la gran interrelación entre las repúblicas ex-soviéticas debido a la panificación centralizada de la economía de la era comunista.

Finalmente se fue configurando una nueva situación que transformó en gran medida el antiguo espacio soviético, que seguirá una evolución política, económica y social muy diferente según el caso de cada nuevo Estado.



CONCLUSIONES

A modo de conclusión, se puede decir que el presente trabajo ha servido para hacer un breve resumen de un período clave para la historia no solo de Europa, sino también a nivel mundial. Este proceso se puede resumir como el colapso de la Unión Soviética, que le llevó a desintegrarse, sobre todo desde 1985, en una multitud de nuevos Estados. Tras décadas de desarrollo militar soviético logrado en detrimento del desarrollo de la economía doméstica, el crecimiento económico llegó a un punto muerto. Los fallidos intentos de reforma, una economía estancada y el fracaso de la Guerra de Afganistán fueron provocando un sentimiento general de descontento. Las reformas políticas y sociales llevadas a cabo por Mijaíl Gorbachov fueron creando una atmósfera de crítica abierta al régimen comunista, al mismo tiempo que algunas Repúblicas empezaron a resistirse al poder central debido al auge de los movimientos nacionalistas, lo que provocaría que la URSS llegase al colapso en 1991. Tras el fallido golpe de Estado de agosto, los acontecimientos se precipitarían; se constituyó la CEI, Gorbachov dimitió el 25 de diciembre y el Soviet Supremo reconocería al día siguiente la extinción de la URSS, que se disolvió y pasó a estar sucedida a nivel de representación internacional por Rusia.


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Regalista hispano
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MensajePublicado: Lun Feb 14, 2011 11:52 pm    Asunto: Responder citando

Qué curioso, hoy en clase hemos estado tratando este tema por entrar en uno de los temas de una asignatura. Prometo imprimírmelo y leerlo despacio, que no me gusta leer en la pantalla textos largos. En cuanto me lo pueda echar un vistazo pongo mi opinión al respecto, que es un tema muy interesante. Gracias Xoel.



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¿Tu verdad? No, la Verdad, y ven conmigo a buscarla. La tuya, guárdatela.

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Xoel_1988





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MensajePublicado: Mar Feb 15, 2011 12:20 am    Asunto: Re: Responder citando

Regalista hispano escribió:
Qué curioso, hoy en clase hemos estado tratando este tema por entrar en uno de los temas de una asignatura. Prometo imprimírmelo y leerlo despacio, que no me gusta leer en la pantalla textos largos. En cuanto me lo pueda echar un vistazo pongo mi opinión al respecto, que es un tema muy interesante. Gracias Xoel.


De nada, hombre; es un modo de ir dando vidilla a esto, jeje. Si quieres peudo subir trabajos a la web, y ya imprimes directamente descargándolos, si te parece más cómodo...

A ver qué te parece el trabajo; ya te adelanto que no es una maravilla; era solo un pequeño porcentaje de una parte de asignatura que en total vale 2'75 créditos... Pero tampoco es nefasto; creo que vale para hacerse una idea muy general, sin profundizar en nada, que tampoco podía hacer nada muy extenso, jeje.


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Regalista hispano
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MensajePublicado: Mar Feb 15, 2011 12:23 am    Asunto: Responder citando

No te preocupes, ya me lo he pasado a PDF :wink:



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¿Tu verdad? No, la Verdad, y ven conmigo a buscarla. La tuya, guárdatela.

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Xoel_1988





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MensajePublicado: Mar Feb 15, 2011 12:40 am    Asunto: Re: Responder citando

Regalista hispano escribió:
No te preocupes, ya me lo he pasado a PDF :wink:


Ok, jeje. Disfrútalo -o padécelo- con salud... Laughing


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Furia Española
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Mensajes: 747




MensajePublicado: Mar Feb 15, 2011 7:46 am    Asunto: Responder citando

Lo que llevo leído promete mucho.

A la tarde, más.

Saludos.



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wad ras





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MensajePublicado: Mar Feb 15, 2011 8:53 am    Asunto: Responder citando

Muy bien expuesto y clarificador, Xoel. Si acaso, por rizar el rizo, y para exponer un cuadro aun más exhaustivo de los problemas acarreados por el proceso de desintegración de la URSS, desarrollaría un poco más el caso particular de Ucrania, en donde aun sus instituciones aun no han casado del todo las sensibilidades de su población, más pro-rusa en su parte oriental, más independentista en el resto. Por no citar el litigio por la poderosa Flota del Mar Negro y las bases navales en Crimea, ese baluarte rusófilo en la panza de Ucrania (aunque sí mencionas este asunto en tu trabajo).

El caso de la República de Georgia fue especialmente sangrante para los intereses de Rusia, y ello por varios motivos. Amen de los pozos petrolíferos, la intención de las nuevas autoridades georgianas de no sumarse a la CEI, añadido a los rumores, hoy ya reales y tangibles, de su eventual ingreso en la OTAN, causaron muy serios quebraderos de cabeza a los estrategas de Moscú.



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AnarcoTerminator





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MensajePublicado: Mar Feb 15, 2011 12:33 pm    Asunto: Responder citando

Tan claro como cierto, Xoel, te ha quedado muy bien.
La parte este de Ucrania y especialmente Crimea (que era rusa hasta los 60) son regiones pobladas por rusos étnicos, la parte oeste es la verdaderamente ucraniana. Si el gobierno sigue sin ser pro-ruso, es posible que haya una secesión del este de Ucrania y Crimea, que es como los Sudetes, acabará de forma parecida.



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Nietzsche
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Xoel_1988





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MensajePublicado: Mar Feb 15, 2011 3:59 pm    Asunto: Responder citando

Muchas gracias por los cumplidos, jeje.

Es verdad que quizá el caso ucraniano merezca una atención mayor, y estuve tentado a dársela, pero este trabajo tenía que ser bastante breve, y me pareció que lo mismo me excedía, jeje.

Pero es verda que el tema de la importancia de la población rusa en CRimea y otras zonas da para bastante debate... Es un posible post interesante, a ver si alguno se anima, jeje.

Bueno, subiré algun trabajo más, a ver si también os cparecen decentillos...


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Runaway





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MensajePublicado: Mie Feb 16, 2011 9:44 pm    Asunto: Responder citando

En el trabajo Xoel estaría genial que dedicaras un pequeño apartado al último reducto (aliado) de la URSS que existe todavía y el fracaso del comunismo político y el materialismo histórico a escala mundial. ¿no crees?


Ver video desde youtube



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Xoel_1988





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MensajePublicado: Mie Feb 16, 2011 10:37 pm    Asunto: Re: Responder citando

Runaway escribió:
En el trabajo Xoel estaría genial que dedicaras un pequeño apartado al último reducto (aliado) de la URSS que existe todavía y el fracaso del comunismo político y el materialismo histórico a escala mundial. ¿no crees?


Me parece sumamente interesante, pero no lo he incluido en el trabajo porque la temática estaba dada de antemano por el profesor; había varios trabajos a elegir y me quedé con este... Pero si que sería interesante hacer un breve trabajo sobre ese tema que comentas...


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Regalista hispano
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MensajePublicado: Vie Feb 18, 2011 11:54 am    Asunto: Responder citando

Acabo de terminar de leer el trabajo, creo que está estupendo. Da la casualidad que en una asignatura tenemos un tema dedicado a la desintegración de la URSS y el trabajo de Xoel me ha venido estupendamente para conocer más un fenómeno que conocía muy por encima.

Después de leerlo quería comentar con vosotros algunas reflexiones, a ver qué pensáis:

1) Supongo que todos lo hemos pensado, pero parece increible como un régimen ferreamente asentado desde 70 años atrás, pudo caer en cuestión de seis años. Supongo que buena parte de esta culpa la tuyo Yeltsin minando la propia URSS desde el fundamental bastión ruso. Resulta curioso, no obstante, que Yeltsin fuera un instrumento fundamental en la caida soviética, quizás más que el propio Gorbachov.

2) Por lo que sé sobre la CEI, creo que ha resultado un fracaso. Salvo en algún tema de cooperación policial (tipo Interpol) creo que no ha servido para casi nada. Aún así es curioso como ha pervivido en el tiempo.

3) ¿No os parece que la URSS debería haber seguido existiendo? Me explico. Siendo bastante maquiavélico, encuentro algunas razones por las que creo que la existencia de la URSS beneficiaba a todos:

- A los propios soviéticos ya que desde la caida de la Unión su nivel de vida ha perdido muchísimo. Los rusos, que si no me equivoco son el 80%, han perdido muchos años de esperanza de vida. Sólo bálticos, ucranianos y creo que nadie más ha prosperado considerablemente en estos años.

- A la propia URSS, que ha pasado de ser una superpotencia a una Rusia que es menos superpotencia (entendiendo Rusia como heredera de la URSS). Rusia sigue siendo una gran potencia militar pero EE.UU. es claramente hegmónica, superioridad que no estaba tan clara durante la guerra fría.

- A Occidente, que se ha quedado sin enemigo ideológico en el que fijarse. Además, el Islám que antes veía en la URSS a un enemigo ya no tiene a los soviéticos en el punto de mira sino a Occidente.

¿Qué opináis al respecto?



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wad ras





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MensajePublicado: Vie Feb 18, 2011 1:15 pm    Asunto: Re: Responder citando

Regalista hispano escribió:
Acabo de terminar de leer el trabajo, creo que está estupendo. Da la casualidad que en una asignatura tenemos un tema dedicado a la desintegración de la URSS y el trabajo de Xoel me ha venido estupendamente para conocer más un fenómeno que conocía muy por encima.

Después de leerlo quería comentar con vosotros algunas reflexiones, a ver qué pensáis:

1) Supongo que todos lo hemos pensado, pero parece increible como un régimen ferreamente asentado desde 70 años atrás, pudo caer en cuestión de seis años. Supongo que buena parte de esta culpa la tuyo Yeltsin minando la propia URSS desde el fundamental bastión ruso. Resulta curioso, no obstante, que Yeltsin fuera un instrumento fundamental en la caida soviética, quizás más que el propio Gorbachov.

2) Por lo que sé sobre la CEI, creo que ha resultado un fracaso. Salvo en algún tema de cooperación policial (tipo Interpol) creo que no ha servido para casi nada. Aún así es curioso como ha pervivido en el tiempo.

3) ¿No os parece que la URSS debería haber seguido existiendo? Me explico. Siendo bastante maquiavélico, encuentro algunas razones por las que creo que la existencia de la URSS beneficiaba a todos:

- A los propios soviéticos ya que desde la caida de la Unión su nivel de vida ha perdido muchísimo. Los rusos, que si no me equivoco son el 80%, han perdido muchos años de esperanza de vida. Sólo bálticos, ucranianos y creo que nadie más ha prosperado considerablemente en estos años.

- A la propia URSS, que ha pasado de ser una superpotencia a una Rusia que es menos superpotencia (entendiendo Rusia como heredera de la URSS). Rusia sigue siendo una gran potencia militar pero EE.UU. es claramente hegmónica, superioridad que no estaba tan clara durante la guerra fría.

- A Occidente, que se ha quedado sin enemigo ideológico en el que fijarse. Además, el Islám que antes veía en la URSS a un enemigo ya no tiene a los soviéticos en el punto de mira sino a Occidente.

¿Qué opináis al respecto?


¿Quueeeeeeeee? ¿que el Islam no tiene el punto de ira en Rusia????????

Jolin, les acaban de volar una terminal de aeropuerto de Moscú por los aires unos integristas islámicos... ¿y no los tienen en el punto de mira? Pues no sé como llaman a eso en tu pueblo, regal.

El enemigo ideológico de Occidente está pero que muy claro: los que desean atentar contra sus libertades, el yihadismo islámico, y la izquierda "progre" occidental, aun enamorada de las formas del comunismo soviético.

Los rusos, en efecto, no ha tenido una sustancial mejora de su calidad de vida, porque pasaron de la miseria colectivista a manos del PCUS, a la satrapía de Yeltsin, para luego desembocar en el régimen putinesco de alianza con las mafias ex-KGB. Con esos modelos de gobierno, lo extraño es que tengan algo que llevarse a la boca.



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MensajePublicado: Vie Feb 18, 2011 1:19 pm    Asunto: Responder citando

Regal, muchos de los problemas que tiene Rusia que afectan a su integridad territorial vienen motivadas por facciones vinculadas al islamismo radical.


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Regalista hispano
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MensajePublicado: Vie Feb 18, 2011 1:48 pm    Asunto: Responder citando

Creo que no me expresé bien, retiro lo de que el Islám no tiene en su punto de mira a Rusia. Quería decir, más bien, que el Islám ya no tiene ÚNICAMENTE en su punto de mira a Rusia. Y es más, creo que Rusia ya no es su enemigo principal como podía ser e nlos 70 y 80. Quizás me equivoque pero hoy el Islám tiene como mayor enemigo a Occidente que a Rusia. Aquí respondo a los dos en lo que me habéis comentado.

Y en lo del enemigo ideológico de Occidente es el yihaidismo que dice Wad, creo que no son enemigos ideológicos. No es una lucha de pensamientos como era en la guerra fría, es la lucha de los países democráticos contra el terrorismo. Es un conflicto asimétrico, no tanto una lucha de ideologías. En ese sentido creo que Occidente se ha quedado sólo en el mundo en la defensa de una cosmovisión de la política, la economía y la sociedad. El Islám no tiene el armazón ideológico que sí tenía (o pretendía tener) el marxismo-leninismo.



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