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El cura que fue secretario de Durruti

 
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AnarcoTerminator





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MensajePublicado: Mie Ene 05, 2011 5:42 pm    Asunto: El cura que fue secretario de Durruti Responder citando



Ahora que se están recordando hechos y episodios referidos a la pasada Guerra Civil española, me parece oportuno aludir aquí a uno paradójico, en extremo sorprendente y no demasiado conocido: la presencia entre las filas anarquistas de la columna Durruti de un sacerdote altoaragonés que además ejerció como secretario o escribiente del mítico líder libertario.

En 1935, Jesús Arnal, que contaba entonces con 31 años de edad, fue nombrado cura ecónomo de la parroquia de Aguinalíu, un pequeño pueblo ribagorzano cuyo caserío, hoy en parte derruido y casi del todo despoblado, se desparrama arracimado desde un roquedo de la cara norte de la sierra de la Carrodilla hasta un pequeño barranco de aguas saladas, que ya en la Edad Media fue explotado en unas salinas de las que aún se conservan restos no lejos del lugar. La disposición del pueblo responde a la perfección a su topónimo, formado a partir de la metátesis de Aguilaniedo, es decir, "nido de águilas".

Mosén Jesús Arnal era un cura moderno: llegó al pueblo a lomos de una motocicleta que causó sensación entre los vecinos y vestido con un mono de trabajo. Al cabo de poco tiempo, se compró también un coche que fue de los primeros que se vieron por la zona. Y, además, se hizo con un aparato de radio, a través del cual le llegaban las preocupantes noticias del deterioro de la situación política en España. Fue así como se enteró del levantamiento militar del 18 de julio de 1936 y enseguida se percató de la gravedad de la situación y del peligro que corría su vida. El día 22 de ese caluroso julio se trasladó con su Peugot al vecino pueblo de Torres del Obispo para entrevistarse con dos párrocos de Graus, a los que no consiguió convencer de su preocupación y que luego pagaron con sus vidas su exceso de confianza. Mosén Jesús se mantuvo muy alerta en su Aguinalíu, y cuando el día 27 vio desde la iglesia parroquial, situada en lo más alto del pueblo, acercarse por la carretera un coche del que después salieron varios hombres armados, le faltó tiempo para, tras avisar a la señora María -su casera- del lugar donde lo encontraría, dirigirse a toda prisa a la sierra que, como buen cazador, conocía ya a la perfección. Allí se encontró con el cura de Olvena, que también había tenido que huir de su pueblo y buscar cobijo en la misma sierra. Tras bajar de nuevo a Agunalíu y ser informados de la gravedad del asunto y de la casi segura vuelta al lugar de los milicianos, decidieron volver a esconderse en los montes que se extienden entre los pueblos de Aguinalíu y Estadilla. Pasaron unos días refugiados en una cueva, pero, cuando la señora María les dijo que se sentía vigilada y ya no podía llevarles más víveres, decidieron ir a Estada, donde el párroco de Olvena tenía un sobrino miembro del Comité y de quien esperaba recibir protección. No pudieron dársela a mosén Jesús, quien, para evitar comprometerlos y encontrándose en un callejón sin salida, decidió ir al vecino Barbastro y enrolarse como miliciano como única manera de intentar salvar su vida.

Llegado a la ciudad del Vero, adoptó un lenguaje, y al cabo de unos días una vestimenta, más apropiados para sus intenciones, pero varios avisos le hicieron ver el gran peligro que corría y decidió escapar de la ciudad. Andando por la noche y escondiéndose durante el día, llegó primero a Selgua y a Monzón y se dirigió después hacia Candasnos, lugar donde había nacido, donde residía su familia y esperaba encontrar protección. Pasando calor, sed y hambre, llegó hasta las puertas de Pomar de Cinca y atravesando por la noche el barranco de la Clamor, desorientado a ratos y con el cuerpo lleno de rasguños, logró alcanzar los alrededores de Estiche, donde encontró en el campo a antiguos conocidos que le informaron de la situación, relativamente tranquila, de Candasnos, lugar en el que Timoteo Callén, viejo amigo suyo, era el jefe del Comité local. Siguió mosén Jesús hasta Ontiñena y finalmente alcanzó su pueblo natal.

Escondido entre un carro de leña, entró en su pueblo y llegó hasta su casa. Consiguió hablar con Timoteo Callén, militante de la FAI y hombre idealista y honesto, que se ofreció para ayudarlo. Pero las cosas se pusieron difíciles cuando corrió la noticia de la presencia del cura en el pueblo. Aprovechando la ausencia momentánea del pueblo de su protector, el mosén es arrestado y encarcelado por algunos elementos más radicales. Con la vuelta de Timoteo, mosén Jesús es liberado; sin embargo, nadie puede garantizar por completo su seguridad. Ante las amenazas que penden sobre su vida, Timoteo somete al cura a una especie de juicio popular del que sale bien parado y pide informes sobre él, también favorables, en su antigua parroquia de Aguinalíu. Con estos argumentos de su lado y ante la dificultad del problema, Timoteo propone a mosén Jesús una solución atrevida pero definitiva: recomendarlo a Durruti, con quien le une una gran amistad y cuya columna de milicianos se halla por las inmediaciones del lugar, para que lo acepte en sus filas y le otorgue su protección. Dada su situación, acepta el cura ese ofrecimiento y él y Timoteo se entrevistan con Durruti, que admite al cura entre los suyos y a quien, falto el líder ácrata de personas preparadas para menesteres administrativos, encarga llevar la estadística y el papeleo del personal de la columna.

La relación entre Durruti y mosén Arnal será siempre de gran respeto y lealtad mutua. Muy pronto se gana el cura la confianza del carismático anarquista, quien le encarga, además de las burocráticas, otras tareas de importancia, como, por ejemplo, acabar con la corrupción que se había apoderado de la ciudad de Lérida, en la retaguardia, y hacia donde partió Mosén Arnal en una misión especial que resolverá con discreción y eficacia. Siempre el cura habla con respeto y admiración de Durruti y desmiente con argumentos sólidos, basados en su propia presencia en los hechos, todas las noticias que le atribuyen fechorías y desmanes que, según rebate con solvencia el sacerdote, él nunca cometió, aunque entre sus seguidores hubiera elementos incontrolados y fanáticos. Al menos en el tiempo en que estuvo con él, Durruti se mostró siempre como una persona íntegra y fiel a unas creencias que predicaba con su ejemplo, como pone de manifiesto el cura con algunos episodios de los que fue testigo. Entre las numerosas anécdotas que vivieron juntos hay una que destaca por sorprendente: un día Durruti entró en el despacho de Arnal con un paquete en las manos que contenía un regalo para su secretario, cuando éste desenvolvió el paquete su sorpresa fue mayúscula al ver que contenía nada más y nada menos que una espléndida Biblia en latín.

Cuando Durruti con algunos de sus hombres fue enviado a reforzar la defensa de Madrid, mosén Jesús continuó en la columna en el frente de Aragón y siguió disfrutando de la protección de los nuevos mandos. Así siguió ocurriendo incluso tras la muerte del líder anarquista, el 20 de noviembre de 1936, en la capital de España. El cura sintió la muerte del libertario leonés y siempre, incluso después de terminar la guerra, indagó sobre las causas de la misma. Después de oír muchos testimonios, algunos de testigos presenciales del suceso, llegó a la conclusión inequívoca de que se debió a un accidente producido al disparase el naranjero que portaba cuando éste golpeó sobre el estribo del automóvil del que estaba desmontando. Aunque, según otras versiones, tal vez el golpe se produjera ya sobre el firme de la acera de la calle. La muerte de Durruti dejó a mosén Jesús en una difícil situación, pero sus temores sobre la pérdida de protección de los nuevos mandatarios de la columna resultaron infundados y el cura de Aguinalíu siguió entre las filas anarquistas hasta el final de la contienda.

Aunque la columna miliciana fue militarizada a comienzos del 37 y pasó a denominarse 26 División, continuó siendo predominantemente anarquista. El cura Arnal mantuvo posiciones de confianza y de gran influencia dentro de la misma, aunque siempre rechazó cualquier tipo de rango militar que pudiera luego comprometerlo. Tras un periodo de estancamiento, las fuerzas republicanas fueron obligadas a retirarse hacia el este de manera ya irreversible. Desde Bujaraloz, donde estuvo al principio la columna, las fuerzas anarquistas se retiraron hacia Fraga, lugar en el que sufrieron un severo bombardeo, y luego cruzaron el río Segre, situándose lo que quedaba de la 26 división en la localidad de Artesa. Poco después retrocedieron hasta la población de Suria, lugar que fascinó a Jesús Arnal y donde pasó una temporada inolvidable en la que una de las mozas del pueblo, llamada Neus, se enamoró de él y a quien, sin descubrir su verdadera identidad, tuvo que apagar las ilusiones para evitar falsas esperanzas y para no traicionar su propia condición sacerdotal. La desbandada final en la derrota militar los llevó hasta Puigcerdá y de allí a la frontera francesa. Al pasar al país vecino hacia el campo de Bourg-Madame, el cura Arnal llevaba consigo el naranjero que le había producido la muerte a Durruti y que le confiscaron las autoridades francesas al atravesar la frontera. Mientras la mayoría de sus compañeros empezaba un exilio sin retorno, mosén Arnal decidió de inmediato tramitar su regreso a España. Su despedida de algunos amigos, sobre todo de Ricardo Rionda "Rico", el más apreciado de ellos, fue muy emotiva, pero el cura volvió a nuestro país por Irún, para ser conducido a Pamplona, donde, tras los controles de rigor, se le fue concedida la libertad.

Mosén Jesús Arnal se reincorporó a sus labores eclesiásticas y, aunque su deseo era ser reintegrado a la parroquia de Aguinalíu, fue nombrado cura ecónomo de Lascuarre -con las parroquias de Laguarres y Monte de Roda a su cargo-, cuya titularidad había quedado vacante. Allí tuvo algún problema por haber recibido la visita de varios maquis, hecho sobre el que debió informar en los años siguientes y que lo tuvo un tiempo bajo cierta sospecha. del obispo Posteriormente, ejerció dos años como cura de Torrebeses y Sarroca en Lérida y en 1947 fue enviado a Ballobar, donde fue párroco hasta su muerte acaecida en 1971.



Carlos Bravo Suárez

(Artículo publicado en Diario del Alto Aragón, el 1 de febrero de 2004)

http://carlosbravosuarez.blogspot.com/2008/02/el-cura-que-fue-secretario-de-durruti.html



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Ruina





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Mensajes: 198




MensajePublicado: Mie Ene 05, 2011 6:00 pm    Asunto: Responder citando

Interesante, estas historias son de agradecer. Gracias.


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Invitado










MensajePublicado: Mie Ene 05, 2011 7:32 pm    Asunto: Responder citando

Un personaje lleno de contradicciones el cura de marras, con sotana y defendiendo una sideas ateas, presentandose en los años 30 con moto, coche y aparato de radio y luego vestir un mono obrero.

Vaya espanto de personaje.


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Regalista hispano
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Registrado: 20 Dic 2010
Mensajes: 1138




MensajePublicado: Vie Ene 07, 2011 1:48 am    Asunto: Responder citando

Muy interesante el artículo, me lo pasó Zaitsev el otro día y no conocía nada de esta historia.



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¿Tu verdad? No, la Verdad, y ven conmigo a buscarla. La tuya, guárdatela.

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