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¿Fascismo en España?.
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MensajePublicado: Dom Ene 02, 2011 4:17 am    Asunto: ¿Fascismo en España?. Responder citando

El caso español es distinto del italiano, y también del francés. No hay en la actualidad grandes partidos de derecha radical, aunque sí existe una larga tradición autoritaria en la derecha. Tampoco hay, propiamente hablando, una versión nacional del fascismo, y las causas que en su momento lo impidieron ya las explicó Ramiro Ledesma Ramos en una obra que se llamaba, precisamente, ¿Fascismo en España? Por cierto que el anarquista Joaquín Marín, en Hacia la segunda revolución (1935), venía a coincidir con las tesis de Ledesma. En realidad, lo que en España más se pareció al fascismo, pero a distancia, fue el nacionalsindicalismo falangista de la preguerra, luego absorbido por el magma del régimen de Franco. Y Franco no instauró un régimen propiamente fascista, ni siquiera nacionalsindicalista [4], sino un autoritarismo inspirado en las doctrinas de la derecha tradicional.


Con esos antecedentes, la pregunta verdaderamente interesante no es por qué no hay fascismo en España, sino más bien esta otra: ¿Por qué en nuestro país no existen actualmente fuerzas importantes de derecha radical que hayan recogido la herencia de la derecha autoritaria local, y concretamente del régimen del general Franco, que de tal cosa es la expresión más acabada en España? Al fin y al cabo, el franquismo es la única experiencia dictatorial de la derecha europea que ha terminado "bien": no se la llevó la posguerra, como a los regímenes gemelos de Hungría, Polonia o Rumanía; sus logros sociales y económicos son evidentes, muy superiores a los de las dictaduras comunistas que le fueron contemporáneas, y comparables a los que alcanzaron las democracias europeas de esa misma época; además, el sistema autoritario español se pudo mantener en el poder durante más tiempo que ningún otro y sin sufrir una oposición interior masiva; por último, el régimen se deshizo por sí solo a la muerte del dictador y sobre la base de la legalidad por él establecida, sin que lo tumbara una revolución como la portuguesa o violentos conflictos intestinos como los que acabaron con el "régimen de los coroneles" en Grecia. El régimen de Franco duró casi cuarenta años, puede reclamar la paternidad de la modernización económica de España, e incluso definió una estructura jurídico-política singular para intentar compensar por algún lado la evidente merma de libertades civiles. ¿Cómo es posible que los criterios políticos e ideológicos de ese régimen no hayan encontrado herederos que pretendan prolongar su legado tras la muerte del dictador?


La respuesta es múltiple. En primer lugar, a la muerte de Franco ninguna de las fuerzas históricas que encabezaron la sublevación de 1936 estaba ya en condiciones de ejercer liderazgo social alguno: la Falange, que nominalmente era el partido del régimen, fue doblegada sucesivas veces a lo largo del mismo, pero se acomodó perfectamente a una situación de privilegio y, quizá por eso, no se preocupó jamás por esbozar formulaciones teóricas adaptadas a los tiempos nuevos, de modo que en 1975 —y aún hoy— decía y pensaba lo mismo que en 1936; la Iglesia, único vencedor total de la guerra civil y único poder que realmente obtuvo de Franco todo lo que solicitó, dejó de ser fiel al Caudillo a partir de los años sesenta e incluso prestó cobertura a quienes auspiciaban cambios radicales, hasta el extremo de jugar un destacadísimo papel en la transición; respecto a los carlistas, su opción política había dejado de tener sentido desde el momento en que la rama pretendiente renunció a sus derechos. En segundo lugar, las elites políticas que gobernaron los "años de oro" del régimen, desde 1957 hasta 1975, y que podían haber prolongado la herencia política del general, se esforzaron por adaptarse a una situación política comparable a la de las democracias europeas: tanto las figuras "aperturistas" del régimen como el "aparato" del Movimiento Nacional, de cuyas promociones más jóvenes saldrían luego ministros, presidentes del Gobierno y hasta ponentes constitucionales, encabezaron fuerzas políticas de carácter conservador, liberal o "centrista" muy alejadas de los propósitos del Estado de las Leyes Fundamentales; respecto a los teóricos más jóvenes de este Estado, alguno de ellos fue apartado del juego por quienes pretendían enarbolar la herencia de Franco antes incluso de que el dictador muriera. Y en tercer lugar, y en la práctica, la verdad es que el régimen tuvo el heredero que el propio Franco quiso: la Monarquía encarnada en la persona de Don Juan Carlos, y las transformaciones que éste efectuara después sobre el legado del dictador es harina de otro costal. Así, lo que se denominó "franquismo sociológico" halló continuidad, tras la muerte de Franco, en el sucesor que Franco había elegido y en unas fuerzas políticas que, dirigidas por relevantes personalidades del régimen, pactaban una transformación total del Estado. Si después de Franco no hubo un "franquismo", eso fue, en primer lugar, porque Franco no quiso, y después, porque los franquistas más relevantes tampoco quisieron. En buena medida, en eso consistió la transición.


Hay también, por supuesto, motivaciones de carácter social y cultural en ese asombroso hecho de que el franquismo no haya encontrado continuadores políticos. Ambas pueden reducirse a esta: el franquismo no fue capaz de proponer una ideología propia que proveyera de un cauce político específico a los cambios sociales que él mismo estaba impulsando. En efecto, el gigantesco impulso económico e industrial que vivió España, sobre todo desde finales de los años cincuenta, tuvo por evidente objetivo dotar al país de niveles de prosperidad semejantes a los de las otras naciones europeas. Se desataba así una "sed de homologación", todavía hoy vigente, que cifraba como bien supremo el ponerse a la altura del resto de Europa. Ahora bien, esa homologación no podía ser sólo económica, sino también social, porque el desarrollo económico lleva consigo la adopción de nuevos comportamientos individuales y colectivos, de nuevas expectativas y de nuevas aspiraciones. Y esa homologación social, a su vez, exige una homologación política, porque los cambios en los comportamientos sociales exigen cambios paralelos en los canales de participación ciudadana en la vida pública. De lo contrario, se generaría una situación semejante a la de una olla a presión desprovista de válvulas de escape. Pues bien: el franquismo, que de hecho alcanzó la homologación económica y que se acercó mucho a la homologación social con el resto de Europa, no fue capaz de crear vías de homologación política. Lo que más se aproximó a ese objetivo fue el Estado de las Leyes Fundamentales: un Estado de Derecho autoritario, pero de Derecho al fin y al cabo [5], que proveía márgenes —ciertamente estrechos— para las libertades públicas y que también establecía vías concretas de participación popular en el poder a través de la famosa "democracia orgánica". Pero el Estado de las Leyes Fundamentales jamás fue una realidad completa: tardó más de diez años en ponerse en pie, entre otras cosas por las reticencias del propio régimen; la democracia orgánica resultó ser más orgánica que democrática y no logró nunca satisfacer las demandas reales de participación ciudadana; por último, y tras la muerte de Franco, la idea fue abandonada tanto por la derecha constitucionalista del 78 como por los propios "nostálgicos" del régimen.


Hoy, a casi medio siglo de distancia, causa estupor el hecho de que el régimen de Franco no desarrollara una teoría completa de su concepción del Estado, ni que concediera a sus teóricos el estatuto de doctrinarios oficiales de aquel sistema político. Puede entenderse que no se entregaran a tareas doctrinarias la Falange o el Requeté, cuyos planteamientos habían sido superados por la historia, pero que visiblemente no sentían la necesidad de adaptarse a una realidad que nominalmente dominaban. Es mucho menos explicable, por el contrario, el hecho de que los responsables de los "años de oro" del franquismo no experimentaran sino muy raramente la necesidad de dotarse de una cobertura ideológica que fuera más allá de lo jurídico. Tal negligencia ideológica obedece, sin duda, al carácter del propio régimen, nunca muy dado a las efusiones intelectuales y más preocupado por obtener resultados prácticos —rasgo en el cual, por otra parte, se resume muy bien el talante clásico de la derecha española—. En todo caso, esa inexistencia de una "ideología franquista" propició el hecho de que después, tras la muerte de Franco, los franquistas no supieran exactamente qué es lo que tenían que defender: ¿La monarquía? ¿La unidad nacional? ¿La economía de mercado? ¿La moral cristiana? Todo eso podía defenderse igualmente desde fuera del franquismo, e incluso contra él. Y esta es otra de las razones por las que en España no ha existido una derecha autoritaria capaz de gozar de una mínima proyección social.


En fin, la derecha radical, en la España reciente, no ha gozado jamás de buena salud por la sencilla razón de que la derecha no necesitaba tal radicalidad. Y cuando se ha recurrido a ella, el español de derecha, que ante todo es una "persona de orden", ha desaprobado abiertamente el intento. De manera que la llamada ultraderecha española, vacía de ideas adaptadas a los tiempos, huérfana de líderes presentables, expulsada del templo de la transición y del consenso (por méritos propios), se dedicó a vegetar en guetos cada vez más angostos. Ni siquiera el Golpe de Estado de 1981 puede considerarse obra suya: todavía han de pasar muchos inviernos hasta que el ciudadano común sepa exactamente qué pasó el 23-F, pero, según todos los indicios, en aquel cruce de maquinaciones y contramaquinaciones hubo de todo menos una conspiración de "fascistas". Todos los grupos de la antigua derecha radical española pertenecen hoy a la órbita de lo extravagante: la Falange, escindida en diversos grupúsculos, se dedica a reivindicar ora el personalismo cristiano, ora el socialismo tercermundista de los años cincuenta y sesenta, todo ello aderezado con las inevitables protestas de antifranquismo; los carlistas, igualmente escindidos, oscilan entre un reaccionarismo de cura trabucaire y un neorruralismo simpático, pero poco efectivo; los integristas católicos, aún ignorantes de que están defendiendo una religión en la que Roma ya no cree, gastan su tiempo en evocar un mundo que nunca más existirá. Respecto a los franquistas puros y simples, cuyo número desciende por mera ley de Natura, siguen apelando a una vaga nostalgia de paz y orden mientras, aterrados, contemplan cómo a su alrededor se agrupan vociferantes niñatos rapados que dicen ser "fascistas". Y el mundo, como es natural, se les cae encima —a unos y a otros. Pero de eso hablaremos después.


El hecho, en fin, es que en la España de nuestros días no hay "fascismo" —ni propiamente dicho, ni acusado de tal— por todas estas razones: porque su única fuente posible de inspiración histórica, que es el régimen de Franco, no fue fascista; porque las transformaciones socioeconómicas que el país experimentó bajo el franquismo, lejos de crear masas proletarias que pudieran movilizarse en torno a un discurso de tipo fascista, creó una extensa clase media de carácter moderado; porque esas clases medias, aun en los casos en que pudieran identificarse como "franquistas", se hallaron perfectamente representadas por las elites que, nacidas del franquismo, dirigieron el proceso de transición; porque las doctrinas que inspiraron el alzamiento del 18 de julio fueron incapaces de evolucionar conforme a la marcha de los tiempos; porque el planteamiento teórico que mejor se identificaba con el espíritu del franquismo, a saber, el discurso de las Leyes Fundamentales, nunca fue adoptado como cobertura ideológica por el propio régimen. Todo eso ha hecho de la ultraderecha una mera anécdota política.
Cuando se dice que "la extrema derecha se esconde en el Partido Popular" —algo que la izquierda sostiene con mucha frecuencia—, se está diciendo una verdad a medias, o mejor dicho, se le está dando la vuelta a la verdad: la "extrema derecha" española, entendiendo por tal a los nostálgicos del franquismo o a sus herederos doctrinales, están en el PP, como antes estuvieron en la UCD, porque estos partidos han sido los beneficiarios directos de la moderación de las clases medias, una moderación que a su vez arranca de los logros socioeconómicos del régimen de Franco y que hace banal cualquier extremismo; el Franco que esa "extrema derecha" podría añorar no es, ciertamente, el caudillo victorioso de 1936, sino el apacible abuelo de traje gris que inauguraba pantanos y abría factorías. En España no hay "fascismo" porque lo más parecido a un "fascismo" que por aquí ha habido salió relativamente bien, al menos desde su punto de vista, y salió bien justamente porque no fue "fascista", sino "burgués". Y no es lo mismo una clase media arruinada y proletarizada, dispuesta a cualquier exceso autoritario, que una clase media aburguesada y acostumbrada a la prosperidad, celosa del orden, pero reacia a cualquier forma de radicalismo. En cierto modo, y con todos los matices que el lector quiera, la verdad es que, en una perspectiva histórica de largo plazo, el franquismo vacunó a España contra el fascismo. Vacunó: del mismo modo que una pequeña porción controlada de un determinado agente vírico sirve para neutralizar los efectos de ese virus, así el franquismo ha hecho que en España no exista una "tradición fascista". Las cosas son así.



JOSE JAVIER ESPARZA.



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MensajePublicado: Dom Ene 02, 2011 4:24 am    Asunto: Responder citando

Aunque difiero de determinadas opiniones, es un analisis muy interesante el que Esparza hace sobre el fascismo y los partidos presentados como tales por el sistema en la actualidad tanto en Europa como en España.

Aconsejo la lectura de ambos post.


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Furia Española
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MensajePublicado: Dom Ene 02, 2011 6:22 am    Asunto: Responder citando

La economía franquista no estaba a nivel europeo, sino que lo superaba. Por eso nos suplicaban que les enviáramos trabajadores para que les enseñaran a trabajar. Y, por supuesto, conocedor el Régimen de nuestro destino en lo universal, aportó todos los trabajadores que hizo falta a pesar de que aquí la potente industria nacional daba cabida a todos.

Estos grupos industriales nacionales estaban tan saneados económicamente que acabaron comprando a sus pares europeos: SEAT compró a Volkswagen, ATESA compró a Citroen, ENASA compró a Iveco... Aunque, por no tener un protagonismo que lesionara el carácter modesto y sencillo propio del franquismo, decidieron adoptar los nombres de los comprados.

Saludos.



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MensajePublicado: Dom Ene 02, 2011 10:51 am    Asunto: Responder citando

Sí que es interesante el artículo, gracias Bandera.

En cuanto a la pregunta de por qué no hay continuadores del franquismo, como dice el autor del propio régimen, "nunca muy dado a las efusiones intelectuales y más preocupado por obtener resultados prácticos". Franco no tenía una ideología clara, con un programa trazado. Era un gobernante autoritario que tenía cuatro o cinco principios como los de orden, unidad, moralidad, autoridad y creo que poco más. De estos pocos principios se fue construyendo el franquismo ora falangista, ora tecnócrata, pero siempre aceptando las circunstancias e intentando adaptarse de forma exitosamente camaleónica.

De esta forma es difícil que hoy haya franquistas ya que el franquismo no dejó un programa ni unos principios a través de los cuales se pueda "revisar" su doctrina a los tiempos de hoy en día. Casi ni pueden los falangistas y eso que la breve obra joseantoniana es muchísimo más profunda que la "ideología franquista"... creo que hoy en día ser franquista es como conducir mirando el retrovisor, te la pegas seguro. Otra cosa es que admires la obra de Franco como se puede admirar la de los Reyes Católicos o Felipe V. Pero esa es otra historia.



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MensajePublicado: Dom Ene 02, 2011 12:33 pm    Asunto: Responder citando

Es complicado Rolling Eyes


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MensajePublicado: Dom Ene 02, 2011 3:24 pm    Asunto: Responder citando

Regalista hacía mucho tiempo que no te daba un +1.


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MensajePublicado: Dom Ene 02, 2011 3:28 pm    Asunto: Responder citando

Es por el nuevo año, trae buenas intenciones Laughing Laughing



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Mario el Grande
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MensajePublicado: Lun Ene 03, 2011 12:07 am    Asunto: Responder citando

Sin duda se trata de un análisis riguroso y contundente, que prácticamente no admite discusión en cuanto en tanto analiza casi todas sus causas y efectos...casi porque yo añadiría, quizá, una más que el autor no ha mencionado: Que en España la izquierda se ha adueñado casi por completo de las masas proletarias y ello impidió que un movimiento derechoide basado en la clase obrera pudiera tener éxito. Cosa que no ocurrió en Italia, por ejemplo.

Por lo demás, magnífico como siempre el señor Esparza.


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MensajePublicado: Lun Ene 03, 2011 12:23 am    Asunto: Re: Responder citando

Mario el Grande escribió:
Sin duda se trata de un análisis riguroso y contundente, que prácticamente no admite discusión en cuanto en tanto analiza casi todas sus causas y efectos...casi porque yo añadiría, quizá, una más que el autor no ha mencionado: Que en España la izquierda se ha adueñado casi por completo de las masas proletarias y ello impidió que un movimiento derechoide basado en la clase obrera pudiera tener éxito. Cosa que no ocurrió en Italia, por ejemplo.

Por lo demás, magnífico como siempre el señor Esparza.


¿Que movimiento derechoide se adueño de las masas proletarias en Italia?


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Mario el Grande
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MensajePublicado: Lun Ene 03, 2011 11:06 pm    Asunto: Re: Responder citando

x bandera escribió:
Mario el Grande escribió:
Sin duda se trata de un análisis riguroso y contundente, que prácticamente no admite discusión en cuanto en tanto analiza casi todas sus causas y efectos...casi porque yo añadiría, quizá, una más que el autor no ha mencionado: Que en España la izquierda se ha adueñado casi por completo de las masas proletarias y ello impidió que un movimiento derechoide basado en la clase obrera pudiera tener éxito. Cosa que no ocurrió en Italia, por ejemplo.

Por lo demás, magnífico como siempre el señor Esparza.


¿Que movimiento derechoide se adueño de las masas proletarias en Italia?


Bueno, corrijo lo de derechoide. Pero hay que destacar que el Fascismo (como alternativa al socialismo y comunismo en la clase obrera) en Italia todavía tuvo sus adeptos incluso después de la segunda guerra mundial, mientras que aquí el poco falangismo que había se disolvió en la indefinición ideológica del régimen como un azucarillo en agua.


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MensajePublicado: Mar Ene 04, 2011 1:38 am    Asunto: Re: Responder citando

Mario el Grande escribió:
x bandera escribió:
Mario el Grande escribió:
Sin duda se trata de un análisis riguroso y contundente, que prácticamente no admite discusión en cuanto en tanto analiza casi todas sus causas y efectos...casi porque yo añadiría, quizá, una más que el autor no ha mencionado: Que en España la izquierda se ha adueñado casi por completo de las masas proletarias y ello impidió que un movimiento derechoide basado en la clase obrera pudiera tener éxito. Cosa que no ocurrió en Italia, por ejemplo.

Por lo demás, magnífico como siempre el señor Esparza.


¿Que movimiento derechoide se adueño de las masas proletarias en Italia?


Bueno, corrijo lo de derechoide. Pero hay que destacar que el Fascismo (como alternativa al socialismo y comunismo en la clase obrera) en Italia todavía tuvo sus adeptos incluso después de la segunda guerra mundial, mientras que aquí el poco falangismo que había se disolvió en la indefinición ideológica del régimen como un azucarillo en agua.


El fascismo no nace como alternativa al socialismo o el comunismo sino que también surge como alternativa al liberalismo, es una tercera via entre los dos sistemas.


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Mario el Grande
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MensajePublicado: Mar Ene 04, 2011 12:06 pm    Asunto: Re: Responder citando

x bandera escribió:
Mario el Grande escribió:
x bandera escribió:
Mario el Grande escribió:
Sin duda se trata de un análisis riguroso y contundente, que prácticamente no admite discusión en cuanto en tanto analiza casi todas sus causas y efectos...casi porque yo añadiría, quizá, una más que el autor no ha mencionado: Que en España la izquierda se ha adueñado casi por completo de las masas proletarias y ello impidió que un movimiento derechoide basado en la clase obrera pudiera tener éxito. Cosa que no ocurrió en Italia, por ejemplo.

Por lo demás, magnífico como siempre el señor Esparza.


¿Que movimiento derechoide se adueño de las masas proletarias en Italia?


Bueno, corrijo lo de derechoide. Pero hay que destacar que el Fascismo (como alternativa al socialismo y comunismo en la clase obrera) en Italia todavía tuvo sus adeptos incluso después de la segunda guerra mundial, mientras que aquí el poco falangismo que había se disolvió en la indefinición ideológica del régimen como un azucarillo en agua.


El fascismo no nace como alternativa al socialismo o el comunismo sino que también surge como alternativa al liberalismo, es una tercera via entre los dos sistemas.


Me refiero a que constituyó una alternativa al socialismo y comunismo para la clase obrera y sus aspiraciones., ya que ésta obviamente no la iba a encontrar en la derecha.


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MensajePublicado: Mar Ene 04, 2011 3:24 pm    Asunto: Responder citando

Que no Mario, que el fascismo no cree en clases sociales y por lo tanto no busca satisfacer las aspiraciones de una frente a otra.


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Mario el Grande
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MensajePublicado: Mar Ene 04, 2011 10:42 pm    Asunto: Re: Responder citando

x bandera escribió:
Que no Mario, que el fascismo no cree en clases sociales y por lo tanto no busca satisfacer las aspiraciones de una frente a otra.


O me explico fatal o no me quieres entender. Vamos a ver, el fascismo tuvo mucha acogida en Italia entre la clase obrera (y no me lo negarás) y todavía tras la guerra tiene cierta vigencia, sin embargo en España no se produjo eso. Por lo cual, la izquierda absorvió casi por completo la masa social obrera antes de la guerra civil, y en gran medida en la transición.


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MensajePublicado: Mie Ene 05, 2011 1:20 am    Asunto: Re: Responder citando

Mario el Grande escribió:
x bandera escribió:
Que no Mario, que el fascismo no cree en clases sociales y por lo tanto no busca satisfacer las aspiraciones de una frente a otra.


O me explico fatal o no me quieres entender. Vamos a ver, el fascismo tuvo mucha acogida en Italia entre la clase obrera (y no me lo negarás) y todavía tras la guerra tiene cierta vigencia, sin embargo en España no se produjo eso. Por lo cual, la izquierda absorvió casi por completo la masa social obrera antes de la guerra civil, y en gran medida en la transición.


Entendido Laughing


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