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Irlandeses por España.

 
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x bandera_borrado
Invitado










MensajePublicado: Sab Ene 22, 2011 5:23 pm    Asunto: Irlandeses por España. Responder citando

La historia y el destino de defender empresas comunes llevó durante siglos a la hermandad entre ambas naciones. Desde finales del siglo XVII hasta casi el XIX, las unidades de combate integradas por irlandeses eran comunes en el ejercito español.

Felipe V tuvo a sus ordenes 3 regimientos irlandeses, el Irlanda, el Hiberna y el Ultonia.

Los irlandeses siempre vieron con simpatia a los hermános católicos de España, durante la guerra de Flandes no fueron pocos los que combatieron y cayeron bajo la bandera de San Andrés luchando contra el enemigo común, el inglés. Posteriormente tras el fracaso de la Armada Invecible, los irlandeses intentaron por todos los medios socorrer a los escasos españoles que pudieron llegar a sus costas para que no cayeran en manos de la Pérfida.


La última muestra de esta alianza de sangre y fe entre naciones que antaño se consideraron hermanas se dió durante la guerra civil española. Los irlandeses del Tercio. Movidos por una sincera amistad hacia España y por el profundo deseo de defender la Cristiandad amenazada, esos hombres, olvidados hoy, eran verdaderos idealistas. No eran los peones del Komintern ni comisionados por ningún gobierno extranjero; no vinieron para revolucionar, sino para servir, y su caballeresca epopeya merece ser recordada con honor.

En agosto de 1936, apenas un mes después del alzamiento español, empezó la aventura de los voluntarios irlandeses. El general O'Duffy, líder de la derecha irlandesa, es invitado por un amigo carlista a que reclute una brigada de combatientes que se una a los Requetés. Tal gesto -escribe el español- tendría valor ejemplar en el mundo católico; también tendría muy buen impacto sobre la moral de los nacionales.
No resulta muy difícil convencer al general. Como la mayor parte de sus compatriotras, Eoin O'Duffy ya es partidario de la causa nacional. Entre todas las personalidades de primer plano, es el mejor capacitado para una operación militar. Nacido en 1892 y veterano de la guerra de independencia, durante la cual se destacó al lado del legendario Michael Collins, ha sido jefe del Estado Mayor antes de mandar la policía nacional (An Garda Siochana) durante diez años. Destituido en 1933 a petición de la izquierda, dirigió la «National Guard» y presidió el «Fine Gael», o sea, el principal partido de la derecha irlandesa. Desde 1935, está al frente del «National Corporate Party», una pequeña formación cuyas ideas se parecen mucho a las de Salazar y Dollfuss, y cuyas «camisas verdes» disputan la calle a los peleones del IRA.
Atraido por la idea de contribuir directamente a la lucha contra el comunismo, O'Duffy escribe a varios periódicos para expresar su convicción de que Franco «está defendiendo las trincheras de la Cristianidad» Y, de paso, sugiere la posibilidad de reclutar un cuerpo de voluntarios. El eco es inmediato y de todos los condados afluyen cartas de aprobación por centenares. Muchos jóvenes se declaran dispuestos a marchar. También son numerosos los ciudadanos «instalados» -granjeros, tenderos, obreros, profesores, etc- que contestan afirmativamente, como el comandante O'Malley, caballero de Malta, o el teniente-coronel P. R. Butler, hijo del general Sir W. Butler.
La participación irlandesa en la guerra española deriva naturalmente de la vieja amistad que une a las dos naciones. Al general le gusta referirse a los soldados de la Invencible que vinieron a prestar socorro a Irlanda y también a los innumerables irlandeses que sirvieron al Reino de España. Asi el marino O'Flaherty, el compañero de Colón, los generales O'Donnell, O'Shea y O'Reilly, sin olvidar al arzobispo de Cashel, el Colegio irlandés de Salamanca y la Iglesia de los Irlandeses en Madrid. Los simpatizantes de la Cruzada pueden remitirse a una auténtica tradición histórica. Por estereotipado y sentimental que sea, este lenguaje no deja al público irlandés indiferente.

Ante el entusiasmo que suscita su iniciativa, O'Duffy decide preparar un proyecto detallado y someterlo a las autoridades españolas. El 20 de septiembre, éstas le dan su acuerdo de principio, y en seguida, el general viaja a España. Llegado vía Hendaya y escoltado por una guardia de honor, pasa por el monasterio de Elizondo y, luego, se detiene en Pamplona donde se entrevista con el gobernador de Navarra, Don Juan Pedro Arraiza. En Burgos, habla con el general Cabanellas y, después, se dirige a Valladolid donde le espera el general Mola. La conversación se desarrolla en el ambiente de la reciente liberación del Alcázar de Toledo. «Irlanda está al lado del pueblo español en su combate por la Fe», dice O'Duffy. «Convencidos que la causa de Franco es la de la civilización cristiana, voluntarios irlandeses estan dispuestos a combatir con las fuerzas nacionalistas»

Pocas horas después, O'Duffy recibe el mensaje siguiente: «El general Franco tiene mucho gusto en aceptar el ofrecimiento irlandés de reclutar una brigada de voluntarios». Anunciada por altavoces, la noticia es acogida por los «vivas» del gentío que se apiña en las calles. Invitado a expresarse ante el micrófono de Radio Nacional, O'Duffy no oculta su satisfacción: «Veo el espíritu de una gran nación que se alza tan duro como el acero templado, para defender de nuevo, como España tantas veces lo hizó en el pasado, la gloria de la civilización cristiana frente a los asaltos de bárbaros y paganos (…) Irlanda hará todo lo que pueda para ayudar a su amiga y aliada histórica en la Cruzada gloriosa que conduce con tanto éxito»

En Dublín, ha surgido la polémica en torno al proyecto. Convocado con toda urgencia, el «Dail» (Parlamento) vota una ley que prohíbe a todo ciudadano irlandés que se aliste en España bajo pena de una multa (hasta 500 libras) y de un encarcelamiento (hasta dos años). Sin embargo el hecho de que la Iglesia católica, consciente de lo que la civilización cristiana se jugaba en la suerte de la contienda española, diese el visto bueno, y el conocimiento de que voluntarios del IRA combatían junto a los defensores de la República, llevó a lanzar intensas proclamas aludiendo a que todo irlandes que combatiese a favor de la República lo hacía en contra de su fe y podía ser considerado traidor, animo a muchos irlandeses a alistarse como voluntarios en un regimiento constituido por más de 1000 hombres que a su llegada a España quedaría integrado como XV bandera de la legión, previa instrucción en Caceres.

En Cáceres, los irlandeses son objeto de innumerable atenciones: el coronel Luis de Martín Pinillos, gobernador militar, manda izar la enseña irlandesa sobre todos los edificios públicos de la provincia, e interpretar el himno irlandés en las ceremonias oficiales. El Obispo permite que durante los oficios se desplieguen el estandarte de la brigada (un lebrel amarillo sobre fondo esmeralda) y los banderines de las compañías.

Después de una misa que celebra el Obispo en la Iglesia de Santo Domingo, el general O'Duffy descubre una placa de bronce conmemorando la estancia en Cáceres de los irlandeses. Flanqueada por los escudos de España e Irlanda, por una cruz céltica, una Virgen y tréboles, la inscripción dice: «En honor de Dios, en honor de Irlanda y en recuerdo de la XV Bandera, brigada irlandesa del Tercio, que rezó en esta iglesia mientras servía la causa de la Fe combatiendo al lado de su antigua aliada y protectora, España».

Después de un mes de trincheras, la XV Bandera se muestra impaciente por enfrentarse más directamente con el enemigo. Una oportunidad se presenta el 13 de marzo de 1937 cuando llega la orden de efectuar un ataque de diversión contra Titulcia.
Cerca de las 6 de la mañana y bajo una lluvia de granadas, los legionarios se lanzan hacia el Jarama. Sin apoyo aéreo y sin artillería, el ataque, en un terreno llano y descubierto, resulta muy peligroso. Contrariamente al plan previsto, los otros asaltos sobre Titulcia han sido anulados y los irlandeses se encaran con una resistencia máxima del enemigo. Acompañado por el mayor alemán H.F. Recke, el duque de Algeciras y el Padre Mulrean, el general O'Duffy se persona para dar ánimo a su tropa cuya vanguardia alcanza el río al anochecer. Cuando llega la hora del repliegue, la Bandera cuenta con un muerto (John McSweeney) y muchos heridos (tres van a fallecer en el hospial de Griñon).
Dirigiéndose al general Saliquet y llamando su atención sobre las adversas condiciones en Cienpozuelos, O'Duffy logra que se renuncie a un segundo ataque el día siguiente. Con medios tan mínimos, cualquier ofensiva de frente va a fracasar, lo que comprobarán los generales Franco y Mola al visitar la posición días después.
Como se hizo con los caídos del 18 de febrero, los 4 muertos del 13 de marzo son enterrados en Cáceres, al son de las gaitas y en presencia del Obispo y de las autoridades locales. La Bandera irlandesa sufre otras bajas: a principios de la primavera, 150 hombres estan hospitalizados y 4 de ellos (John Walsh, Tom Troy, Eunan McDermott y Thomas Doyle) van a morir. Los primeros dos están sepultados en Cáceres y los otros dos en Salamanca. Con secuelas graves, 4 legionarios más (John McGrath, Mat Barlow, Jack Cross y P. Dwyer) fallecerán más tarde, después de su regreso a Irlanda.
Al cabo de cinco semanas en Cienpozuelos, la brigada, muy debilitada, se traslada a La Marañosa, 15 kilómetros al Norte, cerca del Cerro de los Angeles. Esta nueva posición resulta tan arriesgada como la anterior: apenas hay agua potable y las líneas están tan expuestas que aventurarse fuera de las trincheras puede ser fatal. Los legionarios soportan bien estos inconvenientes ya que tienen a su lado dos tercios de Requetés: compartiendo las mismas ideas y sobre todo el mismo catolicismo ardiente, irlandeses y carlistas españoles simpatizan. A pesar del frío, de la inmovilidad y del hostigamiento enemigo, la moral es buena.


Espontáneamente constituida por personas privadas, desprovista de dinero y desaprobada por su gobierno, la brigada irlandesa de 1000 voluntarios no desempeñó un gran papel militar durante la guerra. Su presencia fue sobre todo simbólica. Como ha escrito O'Duffy: «Diez mil irlandeses habían contestado a mi llamamiento, pero no pudimos llevarles a España. No teníamos buques. A la inversa de lo que ocurría en Italia, en Alemania, en Francia y en Rusia, no teníamos ningún apoyo del gobierno; y a España le faltaban navios» 15.
A lo largo de su estancia en el frente, la XV Bandera no desmereció como lo atestiguan sus 15 muertos 16 y decenas de heridos. «90% de nuestros voluntarios» -dice O'Duffy- «eran verdaderos cruzados que dejaban casas confortables… No eran mercenarios sino idealistas. Para cada uno de ellos, ir a España era un verdadero sacrificio, y todos volvieron más pobres que antes» 17. A diferencia de los brigadistas rojos, no fusilaron, no depuraron y no profanaron; en sus filas no había ni comisario político ni cheka. Cáceres no era Albacete y el alcalde, Don Luciano López Hidalgo, nunca tuvo la menor queja de los irlandeses.
Inspirador y clave de la Bandera, Eoin O'Duffy era tan modesto como sus hombres. «No buscamos alabanzas. Sólo cumplimos nuestro deber».

Desfile tras su vuelta a Dublín.



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wad ras





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Mensajes: 518
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MensajePublicado: Sab Ene 22, 2011 8:32 pm    Asunto: Responder citando

Una nota exótica, interesante por poco conocida, pero como indica bandera, de escasa o nula incidencia sobre las operaciones militares.

Bandera, te exhorto a abrir otros posts sobre los muy pocos conocidos contingentes de extranjeros que acudieron a apoyar al Alzamiento: rusos blancos, franceses de la Bandera "Juana de Arco" y portugueses. Ya se tocó el tema de los rumanos de la Legión de Codreanu.



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"Haz lo que quieras, Cristo no olvida a los suyos. Teñirás, si quieres, la espada con mi sangre. Pero no mancillarás mis miembros con la lujuria".
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x bandera_borrado
Invitado










MensajePublicado: Sab Ene 22, 2011 9:34 pm    Asunto: Re: Responder citando

wad ras escribió:
Una nota exótica, interesante por poco conocida, pero como indica bandera, de escasa o nula incidencia sobre las operaciones militares.

Bandera, te exhorto a abrir otros posts sobre los muy pocos conocidos contingentes de extranjeros que acudieron a apoyar al Alzamiento: rusos blancos, franceses de la Bandera "Juana de Arco" y portugueses. Ya se tocó el tema de los rumanos de la Legión de Codreanu.


Pues si, episodios olvidados, debido en cierta medida a la escasa relevancia que tuvieron en su momento, pero llenos de un importante componente representativo.

En determinadas localidades españolas este hecho es muy conocido, como por ejemplo en Ferrol, Salamanca, donde algún edificio debe su nombre a estos voluntarios o incluso Caceres, donde realizaron su periodo de instrucción.

A ver si tengo tiempo y cuelgo un post sobre los voluntarios portugueses que de los que has mencionado son sobre los que más controlo, sobre italianos y alemanes y su participación en la contienda ya se sabe mucho.

Por cierto, me gustaría hacer especial incapie en la valentía de ests patriotas irlandeses que consecuentes con su fe, su historia y su identidad y a sabiendas de que la lucha en España era contra enemigos de estas 3 cosas vinieron a luchar y morir a tierras extranjeras con la abierta hostilidad de su gobierno, suerte que contaban, como nosotros en aquella época, con una Iglesia valiente y militante.


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Xoel_1988





Registrado: 20 Dic 2010
Mensajes: 397




MensajePublicado: Dom Ene 23, 2011 2:01 pm    Asunto: Responder citando

Extremadamente interesante este artículo, sobr etodo por lo desconocido del tema. Yo no tenía ni idea de este grupo de irlandeses que participó en l GUerra CIvil... Se agradecen y mucho estas aportaciones, que la carrera da para muchos conocimientos, pero con muchos límites...


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