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Lo que el catalanismo quiere olvidar.

 
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Furia Española
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MensajePublicado: Lun Sep 19, 2011 5:16 pm    Asunto: Lo que el catalanismo quiere olvidar. Responder citando

Cita:

España / prepublicación
Lo que el catalanismo quiere olvidar
Javier Barraycoa desmonta en «Historias ocultadas del nacionalismo catalán» los mitos recurrentes del nacionalismo catalán y recopila las historias silenciadas que los independentistas prefieren ocultar
A. COCO / MADRID
Día 18/09/2011 - 06.37h
Lo que el catalanismo quiere olvidar
INÉS BAUCELLS

El catalanismo, con apenas un siglo de historia, pretende encarnar el alma de una Cataluña casi milenaria, reconfigurando no sólo la historia de Cataluña, sino la del propio catalanismo». Lo escribe el investigador barcelonés Javier Barraycoa en la introducción de su libro «Historias ocultadas del nacionalismo catalán», en el que desmonta los mitos con los que se ha construido un relato para justificar su pretensión de iniciar, como declaró en la celebración de la Diada Artur Mas, presidente de la Generalitat, su «transición nacional catalana» y convertirse en un país al margen de España. Estos son algunos de los aspectos históricos y sociales que Barraycoa aclara:

UN CATALANISMO, CON ESPAÑA DE «NACIÓN», ALEJADO DE LA SOCIEDAD

En los primeros capítulos de su libro, Barraycoa recuerda que «por lo común, para cualquier republicano federal catalán del siglo XIX, siempre regía el lema: “Cataluña es la Patria y España la Nación”». Y prosigue: «Un catalán en la onda del federalismo, Juan Illas Vidal, [...] en su obra titulada “Cuestiones catalanas, Cataluña en España” (1855), propone: “La unidad nacional es un sentimiento político fundamental común a todos y vivo en cada uno: formadlo si no existe, y no temáis el provincialismo”».

Además, Barraycoa afirma que «los primeros catalanistas reconocían que el catalanismo era algo alejado de la realidad social de Cataluña». Así lo explica: «Otro fenómeno psicológico y sintomático del catalanismo es que, nada más emerger, adoptó la conciencia de estar en crisis. Uno de los personajes más curiosos y olvidados de los primeros años del catalanismo fue José Pella Forgas. [...] En 1906 escribía una obra hoy poco conocida y titulada “La crisi del catalanisme”. Uno de los puntos de interés de este libro es constatar cómo los primeros catalanistas eran conscientes de que el catalanismo surgía como algo alejado de la realidad social de Cataluña. [...]

La crítica estaba dirigida a todos aquellos que volcaban sus energías en redescubrir la cultura catalana pero que no tenían la más mínima intención de proyectarla políticamente. Sospechaba que así nadie les seguiría. Un poeta catalanista, Joaquín Folguera Poal, ...] se quejaba: “La falta de conciencia nacional es uno de nuestros ridículos. En la esfera de los intelectuales tampoco hay mucha dignidad de raza. Mucho ruido y pocas nueces. Mucha ferralla literaria y poca consistencia política”. Los primeros catalanistas no entendían por qué la mayoría de catalanes no eran catalanistas y por qué les costaba tanto despertar en ellos la conciencia nacional».

EL CATALÁN, UNA LENGUA HABLADA DURANTE EL FRANQUISMO

«Poco a poco, los nacionalistas más radicales han conseguido introducir la expresión “genocidio cultural” para describir la situación del catalán durante el franquismo», sostiene Barraycoa. A lo largo de varios capítulos, recopila obras de teatro, poesía, certámenes, premios y editoriales escritos en catalán durante el franquismo. Contra los argumentos de ese nacionalismo más exacerbado, escribe:

«Un libro ecuánime, escrito en catalán, que no revela un resentimiento especial hacia el franquismo, es el de Albert Branchadell titulado “L’aventura del català”. El autor reconoce que el franquismo no puso en peligro la literatura catalana y que aunque hubo represión, “lo que sí es cierto es que las dificultades del catalán durante el franquismo fueron de más a menos: la política lingüística del régimen se fue relajando con el paso del tiempo, paralelamente a su liberación en general. [...] Si uno piensa lo que pasó con el catalán, no se diferencia mucho de la situación del castellano en la actual Cataluña», critica Barraycoa.

«Intentando sintetizar esos primeros años, cosa harto imposible, se podría decir que hubo un primer momento de presión contra el uso escrito del catalán. Sin embargo, la mayor parte de los conflictos vino, curiosamente, a causa de su uso por eclesiásticos en sus homilías o en pequeñas publicaciones parroquiales. Durante algunas celebraciones litúrgicas, a las que asistía alguna autoridad militar, si el sacerdote se dirigía a los fieles en catalán, entonces se liaba. Fuera de estos ámbitos, los conflictos fueron muy reducidos. A los pocos años de acabada la guerra, se reemprendían las publicaciones en catalán. En diciembre de 1946 se autorizó el primer concierto público de l’Orfeó Català. Ese mismo año, el Institut d’Estudis Catalans (foco cultural del catalanismo) iniciaba sus publicaciones en catalán. [...] Incluso se produjeron intentos del Régimen para lanzar publicaciones literarias en catalán, pero los catalanistas se negaron a participar».

COMPANYS Y MACIÀ, DOS MITOS DEL NACIONALISMO MUY ESPAÑOLISTAS

«Macià [uno de los iniciadores de ERC] pasó de ser un apasionado españolista, a un apasionado nacionalista», escribe Barraycoa. A Lluís Companys, presidente de la Generalitat durante la Guerra Civil, le define como «hiperespañolista» que «buena parte de su vida no fue catalanista, las circunstancias le arrimaron al catalanismo y la historia lo convirtió en un mártir del independentismo». De él narra lo siguiente: «Otro caso de evolución política más que significativo es el del ahora tan venerado Lluís Companys. Por aquella época, uno de los corresponsales en Cataluña del ABC era Juan Pujol. Era amigo de Companys mucho antes de que alcanzara la presidencia de la Generalitat y recuerda que nunca —de joven— se le conoció la más mínima afición catalanista».

En cuanto a Macià, «un coronel del Ejército español, monárquico empedernido» que «llega a transformarse en el líder e icono del separatismo catalán», reproduce la evolución de sus proclamas, recogidas en el Diario de sesiones del Congreso de los Diputados. En 1907 hablaba de una «España grande y noble» y aseguraba que «Cataluña no es separatista ni quiere serlo». En 1918, el mensaje variaba: «Solamente os digo que nosotros queremos formar una nacionalidad catalana libre e independiente». En 1923, se radicalizaba: «El dilema es el siguiente: o nosotros continuamos bajo la opresión del Estado opresor, del Estado centralista, en una esclavitud moral, peor cien veces que la material, o vamos a la violencia».

GUERRA DE SUCESIÓN Y LOS MOSSOS D'ESCUADRA COMO «BOTIFLERS»

Barraycoa apunta que «la Guerra de Sucesión se interpreta desde los ámbitos del nacionalismo como una guerra de Castilla contra Cataluña donde algunos catalanes, los “botiflers” —uno de los peores insultos políticos que uno puede recibir en Cataluña—, traicionaron a Cataluña. En ningún momento los nacionalistas reconocen que fue una guerra de disputa dinástica, donde los catalanes, al igual que los castellanos, lucharon por el Rey de España». Sin embargo, el autor aclara que «si bien, indudablemente, buena parte de Cataluña se posicionó con el Archiduque Carlos, también muchos catalanes estaban a favor de Felipe V y hubieron de sufrir una persecución atroz por parte de otros catalanes».

Otro de los epígrafes de esta nueva publicación remite al origen «botifler» de los Mossos d' Escuadra, la policía autonómica de Cataluña: «Este cuerpo policial pretende ser una continuación de los antiguos Mossos, cuya historia conviene recordar. El fundador de los Mossos d’Escuadra fue Pedro Antonio Veciana, un felipista no muy destacado pero que consiguió hacer una pequeña fortuna pertrechando al ejército de Felipe V. ...] El cuerpo de los Mossos fue suprimido en 1868, y no por un madrileño, sino por un catalán: el General Prim. La excusa fue económica. [...] Pero detrás se escondía otro motivo: el carácter monárquico de los Mossos, que los convertían en sospechosos conspiradores monárquicos tras la caída de Isabel II».

LA ZARZUELA, ÉXITO EN BARCELONA

Barraycoa alude a la obra «La cultura del catalanismo», en la que Joan-Lluís Marfany «realiza una recopilación de datos sobre la enorme difusión que tuvo la zarzuela en Cataluña a finales del XIX». En ella concluye: «Era el espectáculo preferido de la mayoría de catalanes». Así describe la situación en uno de sus capítulos: «Hubo una época, entre los años veinte y treinta, en que las zarzuelas se estrenaban antes en Barcelona que en Madrid, como es el caso de las composiciones de Sorozábal “Katiuska” o “La tabernera del puerto”. [...] Sin embargo, hoy es prácticamente imposible asistir a una representación del género chico en la ciudad condal. Ahora bien, si uno quiere asistir a obras de teatro en catalán subvencionadas y de lo más extravagantes, no encontrará problema».


http://www.abc.es/20110918/espana/abci-catalanismo-quiere-olvidar-201109180341.html



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wad ras





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MensajePublicado: Lun Sep 19, 2011 5:19 pm    Asunto: Responder citando

Lástima que el separatismo prefabricado, el de los mitos y leyendas, sea el que se ha impartido en las escuelas catalanas en las tres últimas décadas, ante la inoperancia del resto de españoles.



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"Haz lo que quieras, Cristo no olvida a los suyos. Teñirás, si quieres, la espada con mi sangre. Pero no mancillarás mis miembros con la lujuria".
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MensajePublicado: Lun Sep 19, 2011 6:17 pm    Asunto: Responder citando

Estos mitos se han repetido tanto que se han convertido en "verdades". Eso sí, "verdades" bien vociferadas por los engrasados medios de comunicación social de gobiernos y grupos interesados. Al final es una retroalimentación mutua en la que salimos perdiendo los de siempre.



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Naufragios





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MensajePublicado: Mie Sep 21, 2011 8:07 pm    Asunto: Responder citando

dicen que una imagen vale mas que mil palabras.


Ver video desde youtube


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MensajePublicado: Jue Sep 22, 2011 1:45 am    Asunto: Re: Responder citando

Naufragios escribió:
dicen que una imagen vale mas que mil palabras.


Ver video desde youtube


Se me pone a mi así este sujeto y le empalmo una ostia que todavía estaría girando.


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MensajePublicado: Jue Sep 22, 2011 8:14 am    Asunto: Responder citando

Típica reacción de quien le han levantado un mito sostenido por las Instituciones del régimen, y que lleva un tren de vida impresionante merced precisamente a ese mito. Idénticas reacciones he presenciado yo con quienes vivide de otros mitos, via subvenciones, y humilde servidor va y los destroza en varias andanadas argumentales: hablo de genocidas o criminales como el Che Guevara, Manuel Azaña, Salvador Allende, u otros. La misma reacción desenfrenada y colérica, casi echando espumarajos por la boca cual epiléptico agudo.



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MensajePublicado: Lun Sep 26, 2011 5:55 pm    Asunto: Responder citando

Cita:
LA TRADICIÓN INVENTADA
'Historias ocultadas del nacionalismo catalán'
Por Javier Barraycoa

Hoy, en Cataluña, se toman como realidades multiseculares toda una serie de hechos que en realidad se han incorporado al imaginario catalanista sólo muy recientemente. Por el contrario, tradiciones muy arraigadas durante siglos, como las fiestas taurinas, son tomadas como elementos extraños. El propio catalanismo, con apenas un siglo de historia, pretende encarnar el alma de una Cataluña casi milenaria, reconfigurando no sólo la historia de Cataluña sino la del propio catalanismo.

Dos antiguos militantes del grupo terrorista e independentista Terra Lliure, Oriol Malló y Alfons Martí, escribían hace años un potente alegato anticatalanista titulado En tierra de fariseos. La obra, muy peculiar, denunciaba entre otras cosas el descaro del catalanismo al tergiversar la historia:

El catalanismo inventa Cataluña y cree sus mentiras a pies juntillas. Todo lo que se oponga al envoltorio virtual, fantasmagórico, que absorbe las almas, las historias y los entornos del catalán concreto debe desaparecer.

Con otras palabras, y evidentemente con otra intención, coinciden con una expresión de Torras i Bages –el llamado Patriarca de Cataluña, por su influencia y ascendencia espiritual– cuando avisaba del peligro de construir una "Cataluña de papel". Se refería Torras i Bages a los intentos de erigir una Cataluña moderna desarraigada de su tradición, de su historia real y de su herencia espiritual, que a nada podían llevar, sino a extinguir la verdadera Cataluña. De hecho, el nacionalismo moderno pretende dotar al catalán de una identidad que nada tiene que ver con la identidad de los hombres que ocuparon estas tierras durante siglos. Peor aún, se puede sospechar que el innegable triunfo actual del catalanismo, más que reafirmar una identidad cultural, ha provocado un vaciamiento identitario, sólo sustituido por cuatro elementos simbólicos, tres agravios históricos y altas dosis de sentimentalismo.

En la obra mencionada, En tierra de fariseos, Oriol Malló y Alfons Martí sentenciaban con toda rotundidad:

El catalanismo ha conseguido su mayor éxito: convertir Cataluña en un desierto de almas. No quedan tenderos, republicanos, burgueses ni obreros. Casi tampoco católicos de comunión diaria. Todos somos clase media, champiñones de una nueva especie cultivada en el estercolero de la posguerra. Sólo sabemos que fuimos víctimas de Franco, que somos los buenos, y nos basta. Aunque nada sea verdad.

Tremendas palabras, en la medida que se acercan a la realidad. Cuanto más se alzan las voces reclamando la identidad cultural de Cataluña, más fácil es detectar la vacuidad identitaria y espiritual que reina en la actual sociedad catalana.

[...]

El doctor Francisco Canals, que fuera catedrático de Metafísica en la Universidad de Barcelona, catalán de raigambre y un profundo estudioso del catalanismo, lo caracterizaba de la siguiente forma:

El nacionalismo es al amor patrio lo que es un egoísmo desordenado en lo afectivo, y pretendidamente autojustificado por una falsa filosofía, a aquel recto amor de sí mismo que se presupone incluso en el deseo de felicidad (...) El nacionalismo, amor desordenado y soberbio de la nación, que se apoya con frecuencia en una proyección ficticia de su vida y de su historia, tiende a suplantar la tradición religiosa auténtica, y a sustituirla por una mentalidad que conduce por su propio dinamismo a una idolatría inmanentista.

Esta autoidolatría a través de la proyección en el colectivo esconde muchos resortes psíquicos. El psicólogo norteamericano Oliver Brachfeld, en una obra titulada Los sentimientos de inferioridad, plantea la cuestión de los sentimientos de superioridad e inferioridad en los pueblos pequeños. Entre varios casos, hace alusión al catalanismo político como "un complicado pero en el fondo sencillo fenómeno socio-económico-psicológico, cuyo motor anímico era el resentimiento, engendrado por un violento complejo de inferioridad-superioridad". Ciertamente, el espíritu catalanista (...) ha tenido que debatirse entre el sentimiento de superioridad sobre los otros pueblos hispanos y la queja constante de estar oprimidos.

¿Cómo resolver la contradicción entre la idea de ser superiores y la afirmación de que los inferiores os han dominado durante siglos? Difícil solución tiene la aporía.

En todo resentimiento se esconde un desprecio hacia lo que uno mismo es. El poeta catalán decimonónico Joaquín Bartrina, en una famosa poesía, escribía:

Oyendo hablar un hombre, fácil es
saber dónde vio la luz del sol.
Si alaba Inglaterra, será inglés.
Si os habla mal de Prusia, es un francés
y si habla mal de España... es español.

Por eso, en los habituales desprecios del catalanismo hacia lo español es donde mejor se demuestra la españolidad de nuestros nacionalismos.

(...)

Durante mucho tiempo, en la Cataluña rural se vio en el catalanismo una especie de extravagancia de "los de Barcelona", especialmente de algunos burgueses. De hecho, no podría entenderse el catalanismo sin la voluntad de la burguesía catalana de acoger esta nueva ideología. Una ideología que ha sobrevivido a la conservadora burguesía catalana para acabar arraigando en los elementos más izquierdistas de Cataluña. Hoy, no deja de ser divertido contemplar cómo una ideología que arrancó de los elementos más conservadores de la sociedad catalana es defendida a ultranza por la izquierda.

El mito del corazón de Maciá y el suicidio de Xirinachs

Una anécdota histórica, no muy conocida, ilustra perfectamente lo que el nacionalismo es, respecto de su tratamiento de la historia. Corrían las últimas semanas de la Guerra Civil y todos los republicanos preparaban su huida de Barcelona. Tarradellas, en esos tiempos de incertidumbre, mandó a un funcionario al cementerio para recoger el corazón de Macià. Cuando falleció el primer presidente de la Generalitat republicana, en una extraña ceremonia de carácter masónico, se decidió preservar su corazón en una urna que se depositó en la misma tumba. Tarradellas, en un arrebato patriótico, decidió llevarse al exilio la urna con el corazón de Macià y enterrar el cuerpo en otra tumba para que no fuera profanado por las fuerzas nacionales. Durante el exilio, la urna y su custodia dieron lugar a todo tipo de anécdotas que acabaron felizmente. Regresado Tarradellas a Cataluña, decidió realizar protocolariamente la entrega del corazón de Macià a su familia el 10 de octubre de 1979. El acto se celebró en el Palacio de la Generalitat, y luego los familiares y Tarradellas, en privado, se dirigieron al cementerio. Lo que ya no se suele contar es la sorpresa que se llevaron al depositar de nuevo la urna.

Resulta que ahí ya había otra con un corazón. El caso es que el funcionario que había enviado Tarradellas en 1939, posiblemente con las prisas, prefirió ir a buscar otro corazón más asequible y colarle un gol al político republicano. Así, Tarradellas estuvo cuarenta años paseando un corazón por Europa, como custodiando la quintaesencia de Cataluña, que ni siquiera era el de Macià. En esta anécdota, como en el propio nacionalismo, la ilusión sustituye la realidad. Cuando la clase política actual, bastante deprimente, habla de Cataluña, uno tiene la sensación de que nada tiene que ver con la Cataluña real.

Entre las figuras trágicas del catalanismo reciente, y no hay pocas, destaca una: la de Luis María Xirinachs i Damians. Era un escolapio de familia franquista que acabó rebelándose contra la jerarquía eclesial. Sustituyó su entusiasmo religioso juvenil por un arrebato antifranquista que le llevó a prisión. Con la transición, en 1977 y gracias a su fama, logró ser elegido senador por Barcelona. Luego se aproximó al independentismo revolucionario y en 1980 encabezó la candidatura al Parlamento de Cataluña del Bloc d'Esquerra d'Alliberament Nacional (BEAN), embrión de grupos revolucionarios separatistas. En sus últimos años, olvidado por la clase política y por la Cataluña que pretendía liberar, inició una acampada ante el Palacio de la Generalitat. Cual nuevo Gandhi, pretendía así conseguir la independencia, aunque simplemente constituyó un elemento pintoresco en la plaza de San Jaime. En 2007, presa de una enfermedad y absolutamente desencantado con la clase política catalanista, preparó su suicidio. Dejó una breve nota, titulada "Acto de Soberanía". El texto es estremecedor, en la medida en que denota el trance psicológico del personaje, y dice así:

He vivido esclavo 75 años en unos Países Catalanes ocupados por España, por Francia (y por Italia) desde hace siglos. He vivido luchando contra esta esclavitud todos los años de mi vida. Una nación esclava, como un individuo esclavo, es una vergüenza para la humanidad y el universo. Pero una nación nunca será libre si sus hijos no quieren arriesgar su vida en su liberación y defensa. Amigos, aceptadme este final absolutamente victorioso de mi contienda, para contrapesar la cobardía de nuestros líderes, masificadores del pueblo. Hoy mi nación deviene soberana absoluta en mí. Ellos han perdido un esclavo. ¡Ella es un poco más libre porque yo estoy en vosotros, amigos!

La identificación entre la nación y el propio yo, entre las ofuscaciones personales y las colectivas, entre la liberación y la autoeliminación, no deja de ser sintomática de la situación actual. Aquellos que se lanzan a la liberación de Cataluña, posiblemente quieran, sin saberlo, liberarla de sí misma, de lo que fue y de lo que debería ser. Por eso, con la hipotética independencia de Cataluña se produciría algo que sería muy difícil de entender para sus artífices: la muerte de Cataluña.

Un toro, un burro y el motivo de este libro

Corrían los años noventa del siglo XX. Poco a poco, en Cataluña, especialmente en Barcelona, se puso de moda colocar una pegatina del famoso toro de Osborne en la parte trasera del coche. Este distintivo era especialmente llamativo en los taxis por estar colocado sobre fondo amarillo. Esta costumbre, en principio nada politizada y absolutamente espontánea, fue tomada como un agravio simbólico por parte de ciertos elementos nacionalistas. Un empresario gerundense, del Pla de l'Estany, ideó un contraataque lanzando la campaña Planta't el Burro (colócate el burro). Se trataba de difundir una pegatina del dibujo de un burro autóctono, el burro catalán, que debía representar el espíritu de esfuerzo, constancia y abnegación de los catalanes. Así se contrapesaba el espíritu de la España cañí que representaba el toro. De hecho, los elementos independentistas más radicales habían iniciado años antes una campaña de eliminación de los famosos toros de Osborne, acudiendo a la nocturnidad para derribarlos. Como el que no quiere la cosa, en Cataluña se vivió una guerra de símbolos entre apasionada y absurda. La historia de ambos símbolos no está exenta de significantes que se les escaparon a los iniciadores de la campaña del burro.

El toro de Osborne, tan odiado por la izquierda separatista, fue diseñado por Manolo Prieto para representar el brandy Veterano. Prieto, colaborador de la agencia Azor, era un redomado comunista, que ideó el famoso toro inspirado en los carteles que el valenciano Josep Renau había dibujado para promocionar las corridas de toros en la España republicana durante la Guerra Civil. Sin embargo, sobre la autoría siempre ha habido discusiones. El 9 de abril de 1998 aparecía en El País el siguiente obituario:

El publicista Miquel Monfort, creador del popular toro de Osborne, ha fallecido a los 62 años de edad a causa de una crisis cardiaca. Monfort había nacido en Terrassa y residía en Sant Cugat. Creó primeramente la empresa Dana y más tarde la agencia MMLB, que hizo campañas por España y América Latina.

Pero, sobre todo, Monfort será recordado por crear la figura del toro de la marca Osborne, que desde hace 20 años forma parte del paisaje rural español, está presente en la red viaria y ha sido declarada Patrimonio Nacional. Sin embargo, familiares del dibujante Manuel Prieto, que murió en 1991, reivindicaron ayer para éste la autoría del toro de Osborne.

En cierta medida, hay una explicación a esta reivindicación. Miquel Montfort, desde la agencia MMLB, convenció al grupo Osborne de la fuerza del logotipo de Veterano y les animó para que lo generalizaran a todo el grupo. Gracias a este catalán se inició la difusión de los famosos toros por todo el territorio español. Así, el dichoso toro –tomado ahora como símbolo de lo patriotero y español– tiene algo de izquierdas y algo de catalán.

Las anécdotas sobre el burro catalán tampoco dejan de ser sorprendentes.

El burro catalán, una especie muy apreciada por su calidad en muchas partes del mundo, estaba a punto de extinguirse. La historia de su salvación arranca de mucho antes que la aparición de la famosa pegatina. Joan Gassó, en la comarca del Bergadá, inició hace 40 años la labor de recuperación del garañón catalán, que ya estaba prácticamente extinto. Consiguió, deambulando por los pueblos, juntar un grupo de treinta burras, muchas de ellas excesivamente viejas, y ningún macho cualificado para la monta. Desesperado y sin poder remontar la crianza, le llegaron noticias de que el ejército español aún tenía un semental en condiciones. En el antiguo Cuartel de Caballería de Hospitalet ciertamente había un burro catalán propicio para la reproducción.

Los mandos militares se lo ofrecieron de buen grado, y así, gracias al ejército español, se salvó la especie ahora reivindicada como símbolo por los nacionalistas. Esta anécdota no deja de ilustrar, incluso con cierto gracejo, lo fecunda que puede ser la colaboración, y la esterilidad de la aversión y el rechazo.

Pero la historia del burro catalán da más de sí. Una vez aparecieron las famosas pegatinas, pronto emergió el cainismo. Al teórico autor del burro le cayó pronto un pleito por plagio. Un diseñador de Sant Cugat, José María Fernández Seijó, reclamaba la autoría del dibujo. Tras un proceso judicial, el juez dictaminó una sentencia de lo más curiosa: reconocía a Fernández como verdadero autor intelectual del burro y a Sala como legítimo diseñador de la campaña. El juez estipulaba que las imágenes del burro eran algo diferentes.

A la utilizada para la campaña nacionalista se le había suprimido el flequillo y los genitales del dibujo original. Las metáforas son libres para el lector. Un jesuita, el padre Orlandis, maestro del ya mencionado doctor Canals, solía decir: "El catalanismo ha castrado a Cataluña", en referencia a la muerte del espíritu tradicional de Cataluña que comportaba la extensión del catalanismo, sobre todo entre elementos eclesiales. De momento, el que resultó castrado simbólicamente con la campaña fue el pobre burro.

El presente libro es peculiar desde su concepción e inicio, pues arranca de un estupor acumulado durante años; del pasmo de quien ha visto transformada la sociedad en la que nació en apenas treinta años; de la sorpresa al comprobar cómo su Barcelona natal era remodelada a golpe de Olimpiadas y modernidad, mientras se vaciaba de los catalanes de toda la vida que había conocido; del asombro provocado al comprobar cómo los que nunca habían sido catalanistas se afanan ahora en ser más nacionalistas que Companys; de la consternación que se sucede al constatar que muchísimos catalanes desconocen los mínimos rudimentos de nuestra historia sin que ello sea óbice para las más estridentes proclamas de nacionalismo. En definitiva, este libro es como un intento, igualmente vano, de despertar de un mal sueño; de reafirmarse en que lo que cuenta la historia oficial del nacionalismo nada tiene que ver con la realidad histórica.

Vaya por delante que no se ha pretendido escribir un libro de historia, ni siquiera ensayar una teoría política del nacionalismo. Éste es un libro de historias, de personajes concretos, de sus actitudes, sus sentimientos y sus acciones. Es preferible que ellos hablen por sí mismos, más que plantear cuestiones ideológicas sobre el nacionalismo catalán. De hecho, aunque alguien pudiera pensar lo contrario al culminar su lectura, no es un texto escrito contra nadie, sino que tiene como intención acercar a los catalanes a su propia historia, así como al resto de España, para que comprenda lo que el pueblo catalán ha sido y debería seguir siendo. En resumen, es un libro motivado por el amor a una realidad y no por el odio a una idea.


http://libros.libertaddigital.com/historias-ocultadas-del-nacionalismo-catalan-1276239384.html



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Mario el Grande
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MensajePublicado: Lun Sep 26, 2011 10:27 pm    Asunto: Responder citando

Sólo por el hecho de decir que Cataluña no es España es por sí mismo un argumento que invalida todo discurso o proclama.



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keltiberoi





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MensajePublicado: Mie Nov 16, 2011 9:02 pm    Asunto: Responder citando

el sujeto del video es un subnormal profundo


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