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Patrones de asentamiento y hábitats celtibéricos

 
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Xoel_1988





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MensajePublicado: Dom Jul 17, 2011 11:51 am    Asunto: Patrones de asentamiento y hábitats celtibéricos Responder citando

Aprovechando que en el primer cuatrimestre había hecho un trabajo sobre los Celtíbereos -que también he colgado aquí-, en otra asignatura he realizado otro en el que ahondaba en los patrones de asentamiento de este pueblo -si, una importante razón es que la base ya la tenía, y buena parte de la bibliografía estaba leída Twisted Evil -, así que por si a alguien le interesa, lo dejo también por estos lares. Me parece más legible que el que he puesto sobre "El poder y su concepción" en otro subforo, jeje. Y además es bastante más breve, por exigencias de síntesis hechas por el profesor:

Patrones de asentamiento y hábitats celtibéricos


Introducción

Los patrones de asentamiento celtíberos se pueden incluir dentro del modelo seguido por las sociedades estatales de la Edad del Hierro peninsular, y el elemento clave –que no único- será la ciudad, por encima de cualquier otro tipo de hábitat.

Las fuentes clásicas (esencialmente las obras de Estrabón, Tito Livio, Polibio, etc.) ya hacían referencia a algunos núcleos poblacionales de la Celtiberia, si bien es cierto que de un modo mucho más sucinto y con menor cantidad de datos que en lo que se refiere al área de los íberos. Además, algunos autores –especialmente el ya mencionado Estrabón, en su “Geografía” o Livio en su “Ab Urbe Condita”- hacen las primeras distinciones entre ellos atendiendo a su tamaño y población.


Espacio

Antes de entrar en otro tipo de análisis más detallados sobre los patrones de asentamiento, hay que precisar en primer lugar un marco espacial en el que trabajar: en su conjunto, la Celtiberia se configura como una región geográfica situada en las tierras altas de la Meseta Oriental y el margen derecho del Valle Medio del Ebro (actual provincia de Soria, buena parte de Guadalajara y Cuenca, la parte oriental de Segovia, el sur de Burgos y La Rioja y el oeste de Zaragoza y Teruel, llegando incluso a la zona noroccidental de Valencia).

También hay que mencionar la habitual división que se hace de la Celtiberia en Ulterior y Citerior, división hecha por los romanos tras su llegada, pero no se puede afirmar con rotundidad que se correspondiera con la realidad de los pueblos celtíberos, si bien hay ciertos indicios de que podrían indicar cierta diferencia entre la zona del valle del Ebro (a grandes rasgos, la Citerior) y la zona oriental de la Meseta (la Ulterior). Esto también tiene su reflejo en la distribución de los núcleos habitacionales, ya que los marcados contrastes orográficos influyen notablemente en los distintos patrones de asentamiento. Igualmente, también es un factor decisivo la presencia de recursos económicos en cada zona; así, la región del valle del Ebro concentra un número superior de ciudades debido a la fertilidad del suelo y a la presencia de una vía de comunicación tan destacada como es ese río. De todos modos, esto no implica que la zona más montañosa careciera de interés económico, ya que sus recursos ganaderos y, sobre todo, mineros, eran más que considerables, si bien no lograron concentrar un nivel poblacional tan grande como el valle del Ebro.

Sin embargo, si hay que señalar que no existía ningún tipo de unidad centralizada que se extendiese a lo largo y ancho del territorio de los celtíberos; las ciudades constituían un poder autónomo y absoluto sobre su territorio, como demuestra la distinta modalidad de guerra adoptada por Roma en este territorio.


Periodización

A lo largo de todo el desarrollo de la cultura celtibérica, los modelos de asentamiento no permanecieron inmutables, sino que sufrieron una cierta evolución.No obstante, hay ciertos elementos comunes que se van repitiendo a lo largo de las cuatro fases principales en las que se suele dividir a esta civilización:

Protoceltibérico (ca. siglos VIII/VI - mediados del VI a.C.): tras el fin de “Cogotas I” -cultura característica del Bronce Final en la Meseta-, empieza a apreciarse en impacto de la “Cultura de los Campos de Urnas” del valle medio del Ebro. Quizás el asentamiento más característico de este período sea el de Fuente Estaca, ubicado junto al cauce del río Piedra. Se trata de un poblado abierto, formado por agrupaciones de cabañas, y en el que se encontró cultura material relacionable con la transición de “Campos de Urnas Antiguos” a los “Campos de Urnas Recientes”.

Celtibérico Antiguo (ca. 550 – 450 a.C.): desde inicios de este período se van detectando, sobre todo en la zona del Sistema Ibérico y de la Meseta Oriental, una serie de novedades culturales que en cuanto a los patrones de asentamiento provoca el surgimiento de un buen número de núcleos habitacionales estables –quizás, según indica Alberto Lorrio, los primeros a los que se le puede aplicar este calificativo- y de nueva planta, generalmente protegidos por murallas (si bien en ocasiones solo cuentan con defensas de tipo natural), y en cuyo interior apenas se aprecian signos de jerarquización. Normalmente las casas son rectangulares y están adosadas unas a otras, y presentan muros cerrados hacia el exterior a modo de muralla –algo característico del mundo celtibérico desde esta fase inicial aunque, eso si, no exclusivo de él-.

Celtibérico Pleno (ca. 450 a.C. – finales del siglo III a.C.): durante esta etapa, en la que se amplían notablemente los límites del mundo celtibérico, se empiezan a manifestar una serie de variaciones regionales, que en lo que se refiere a los patrones de asentamiento se manifiestan en la generalización de los poblados estructurados en torno a una calle o plaza central, y en los que se hacen presentes estructuras defensivas como torreones cuadrangulares o murallas acodadas.

Celtibérico Tardío (ca. finales del siglo III a.C. – siglo I a.C.): en esta etapa, que está caracterizada por profundas transformaciones en el seno del mundo celtibérico, es en la que el proceso de avance hacia una forma de vida cada vez más urbana, que será simultáneo a la cada vez mayor jerarquización del territorio, si bien el carácter de las ciudades se definirá más por su significación simbólica que por sus diferencias estructurales con respecto a los restantes espacios habitados. De todos modos, si que habrá bastante uniformidad en la estructura urbana: la ordenación interior obedecerá a un plan previsto, al mismo tiempo que se constata la existencia de obras defensivas de gran espectacularidad. Las ciudades de este período final del desarrollo de la cultura celtibérica son centros que acuñan moneda con su nombre –algunos de los más destacados, en plata- y son la expresión de una organización social cada vez más compleja, con la presencia de un senado, magistrados y determinadas normas que regulan el derecho público.

Asimismo hay que señalar que desde finales del siglo II a.C., y por el poderoso influjo romano, se edificarán algunas villae al estilo helenístico. Esta progresiva fuerza que toma la romanización resultará cada vez más evidente desde la destrucción de Numantia en el año 133 a.C., agudizándose así un proceso que culminará ya en el siglo I d. C., en el que algunos de los antiguos oppida celtibéricos como Bilbilis, Uxama, Termes o Numantia pasan ya a ser ciudades propiamente romanas, incluso llegando a alcanzar el rango de municipium.


Organización

En primer lugar, resulta necesario hacer una reflexión sobre el concepto en si de “ciudad” en el ámbito de la Celtiberia, ya que habitualmente los autores –tanto clásicos como los investigadores actuales- se limitar a extrapolar nombres y categorías propias de otras culturas como “civitas”, “urbs”, “oppidum” o “polis” al mundo celtibérico, cuando esto resulta poco exacto, incluso en la terminología en si, ya que, según Jürgen Untermann, la palabra “ciudad” en lengua indígena sería “cortom”. Según la opinión del historiador Almagro Gorbea, la ciudad o “castro” se podría definir como “todo poblado situado en lugar de fácil defensa reforzado por murallas, muros externos cerrados y/o accidentes naturales, que defiende en su interior una pluralidad de viviendas de tipo familiar y que controla una unidad elemental de territorio, con una organización social escasamente compleja y jerarquizada” .

Hay que señalar que la gran mayoría de los poblados celtibéricos no han sido excavados o lo fueron en las primeras décadas del pasado siglo XX, lo que condiciona notablemente las conclusiones que de ellos pudieran obtenerse, puesto que se basan esencialmente en análisis de superficie. Sin embargo, a partir de la década de 1980 se ha producido un mayor desarrollo de los trabajos de prospección y excavación en el ámbito celtibérico, y por tanto los trabajos de investigación gozan de una base mayor.

En líneas generales, no se puede decir que los asentamientos celtíberos presenten una gran uniformidad, y esto se debe tanto a factores funcionales como estratégicos, así como a la gran jerarquización de los espacios habitados –que, eso si, no era muy acusada en las primeras etapas de desarrollo-.

Por ejemplo, parece claro que cada ciudad gozaba de un determinado espacio sobre el que ejercía un control directo. Las fuentes clásicas hacen referencia a varias categorías en el hábitat celtibérico, dividiendo los asentamientos esencialmente en grandes concentraciones o ciudades –denominadas urbes, civitates o poleis- y en centros más reducidos, aunque de distinto tamaño (Tito Livio los denomina vici, agros, turres y Castella, Estrabón menciona también los megalaikomai o los pirgoi), habiendo una diferencia considerable entre los núcleos de la primera y la segunda categoría.

De todos modos, sí hay que mencionar que no se puede presentar como elementos independientes la ciudad, los pequeños asentamientos del ámbito rural y el territorio en si, ya que están estrechamente relacionados dentro de la organización estatal del ámbito celtibérico, aunque sus características básicas si puedan ser analizar de un modo más independiente.

Siguiendo de un modo bastante general, se puede afirmar que los distintos asentamientos celtíberos fueron erigidos según condicionamientos eminentemente militares y/o económicos, estando definidos los de utilidad militar por su situación en zonas de pasos de montaña y vías de comunicación, generalmente en lugares elevados difícilmente accesibles –habitualmente enmarcados por ríos y arroyos- y reforzados con sólidas estructuras defensivas. La altura relativa a la que se sitúan depende más de la morfología y la topografía locales, y aunque la altura desde la base suele superar los 30 m., puede alcanzar los 100, o por lo contrario localizarse en promontorios poco elevados (en este caso destacan las excepciones que constituyen las llamadas “ciudades de llano” –concepto propuesto por Francisco Burillo Mozota-, que son un grupo surgido tras el final de las Guerras Celtibéricas, y que tenían en común una topografía poco relevante; eligen para su edificación un relieve regular y plano pero con buenas defensas naturales, lo que se complementaba con el desarrollo de una potentes estructuras defensivas. Ejemplo de este tipo de ciudades eran Lacine en Fuentes de Ebro, la nueva ciudad de Segeda en Durón de Belmonte, Bílbilis en Valdeherrera, etc.

Los restantes núcleos de habitación están, en su mayor parte, situados en cerros y plataformas a media altura, aprovechando la elevación del terreno como defensa natural, lo que se complementará con la excavación de fosos –muy habituales, y cuya anchura oscila entre los 4 y los 60 metros- y la fortificación de parte o de todo el perímetro del poblado – que se adecuan a las necesidades del terreno y que son edificadas con mampostería o aparejos mayores-, incluso mediante el levantamiento de torreones defensivos. En ocasiones, eso si, el poblado se extiende más allá de las murallas, ya que hay barrios extramuros, habitualmente en aterrazamientos.

La extensión de los distintos núcleos es –como ya se ha dicho- muy variable, los núcleos urbanos de la Celtiberia pueden alcanzar una extensión bastante considerable, superior a las 20 hectáreas: Ocilis presenta una superficie de 20 ha., Termes 21 ha.; la Numantia de época imperial, alrededor de 22 ha. –en el siglo I a.C. apenas superaba las 8 ha.-; Uxama sobre 30 ha.; incluso un yacimiento como el de Fosos de Bayona, en Cuenca, llega a los 45 ha., etc. No obstante, la mayoría de las ciudades de la Celtiberia tienen superficies bastante más reducidas, incluidas aquéllas que datan de época romana.

En cuanto al urbanismo, hay que señalar que no ha habido muchos poblados excavados de un modo sistemático, si bien a lo largo del territorio celtibérico sí hay suficientes ejemplos como para hacer un cierto análisis.

Así, se puede afirmar que resulta característico del mundo celtibérico (aunque no exclusivo de él), un urbanismo estructurado en torno a una calle central –en ocasiones se puede tratar de una plaza-, con casas más o menos rectangulares de muros medianeros comunes cuyos muros traseros suelen adosarse a las murallas. Este esquema se generaliza sobre todo desde la segundad Edad del Hierro, con poblados como Los Castellares de Herrera de los Navarros, Castilmontán, La Coronilla, El Ceremeño, etc. De todos modos, hay una mayor complejidad urbanística en los poblados que alcanzan unas mayores dimensiones, donde hay más calles en torno a las que se ubican las viviendas (Castillo de Arévalo de la Sierra, Villares de Ventosa de la Sierra, etc.).

Un elemento clave de los asentamientos son los distintos sistemas defensivos construidos para esa función, y que esencialmente se trata de muralla, torres, puertas, fosos y piedras hincadas:

La muralla constituye la defensa principal y, en algunas ocasiones, la única identificada. Resulta especialmente destacable el hecho de que todas las conocidas en territorio celtibérico están realizadas completamente en piedra, a diferencia de otras zonas donde el alzado era en abobe o incluso madera. Las murallas se edifican con mampostería (de todos modos, hay una cierta evolución, y ya en un momento avanzado de la cultura celtibérica, lo que se plasma especialmente en el trabajo del aparejo empleado), y se constituyen con dos paramentos paralelos cuyo espacio interior se rellena con piedra y tierra, habiéndose documentado incluso la presencia de un doble paramento (como en el caso del Piquete de la Atalaya de Azuara, de 0,70 m. de anchura. También destaca Contrebia Leucade). Asimismo hay que señalar que hay distintas tipologías de murallas, como las acodadas, las dobles, las de paramentos internos, y las de muros ciclópeos.

En cuanto a las torres, lo más destacado es la evolución que se aprecia en sus modelos constructivos, ya que en los primeros momentos predominaban las circulares, para posteriormente pasar a ser más habituales las de planta cuadrangular.

Las puertas, cuya localización no siempre resulta sencilla, suelen ser simples vanos en las murallas, aunque también existen en esviaje. Ya en época celtibérico-romana hay una mayor monumentalización de estos elementos.

Otro aspecto clave son los fosos, cuya representatividad varía notablemente de unas zonas a otras del territorio celtibérico; así, es mucho más habitual –y suelen alcanzar dimensiones bastante más considerables- en la zona aragonesa que en la serranía soriana, y su anchura oscila entre los 4 y los 60 metros.

También se puede señalar la presencia de piedras hincadas, que son anchas franjas de piedras clavadas en el terreno colocadas sin ningún orden concreto unas junto a otras, con la finalidad de dificultar los asedios. Dentro del ámbito celtibérico solo se han localizado en la zona occidental (sobre todo en las actuales provincias de Soria y Guadalajara), y destacan algunos casos como el de Castillo de Taniñe o el Castillo de Castilfrío.

En cuanto a los templos y santuarios, se pueden dejar aparte hasta la época augústea, ya con el territorio conquistado por Roma, ya que hasta entonces los espacios sagrados se encontraban extramuros; y solo desde entonces se empiezan a edificar templos y lugares destacados de las ciudades con importancia específica.

Para conocer el hábitat celtibérico, resulta clave atender a la arquitectura doméstica, que está menos estudiada. Las primeras estructuras estables detectadas –un par de cabañas circulares- se localizan en Los Castillejos de Fuensaúco, y datan del siglo VII a.C. Sin embargo, y pese a estos primeros prototipos, el modelo más habitual que siguen las viviendas celtibéricas ya desde inicios de la Edad del Hierro es de planta rectangular -o también trapezoidal-, con paredes medianeras y con un alzado bien de mampuesto en su totalidad, bien con zócalo pétreo y alzado en adobe o tapial. Las dimensiones son muy variables, pero habitualmente rondan los 50 m², y tienen varias divisiones internas, cuyo número varía, aunque no es raro que tengan incluso 6 o 7 habitaciones.

Algunos de los más destacados yacimientos en los que se pueden apreciar ejemplos de viviendas son El Ceremeño (en donde se encuentran excavadas varias fases constructivas correspondientes a cronologías muy variadas), Herrera de los Navarros, La Coronilla, Numantia o La Caridad de Caminreal (que tal vez corresponda a Orosiz).

En este último yacimiento hay que destacar, además de ser uno de los más claros ejemplos de “ciudades de llano”, la presencia de una de las viviendas celtibéricas más conocidas, la llamada “casa de Likine”, una construcción de 915 m² en la que se manifiesta la asunción por parte de las élites celtibéricas de los modelos itálicos, y también, de forma indirecta, la fuerte jerarquización social del momento –de hecho, el oecus ocupa 60 m², más o menos el tamaño de toda una vivienda en el período anterior. Asimismo, se puede destacar la presencia de opus signinum en los suelos, como sucedía en otras casas celtibéricas aristocráticas desde el siglo II a.C.

Conclusiones

Como conclusión, se puede señalar que los modelos de asentamiento celtibéricos responden a un patrón más o menos similar a otras culturas del Hierro peninsular, aunque con sus lógicas particularidades derivadas de la orografía del territorio que habitaban las diversas etnias que componían este pueblo, y del contexto histórico que viven, sobre todo con la parición en escena de Roma y la conquista que ésta hace de los celtíberos.

Bibliografía

BURILLO MOZOTA, F.; Los Celtíberos: etnias y estados. Crítica, Barcelona, 1998

BURILLO MOZOTA, F. (ed.); Gestión y desarrollo. Simposio sobre los celtíberos. Fundación Segeda, Centro de Estudios Celtibéricos, Zaragoza, 2005

BURILLO MOZOTA, F., PÉREZ CASAS, J. A., DE SUS, M. L., (eds.); Celtíberos. Diputación Provincial de Zaragoza, Zaragoza, 1988

ESTRABÓN; “Geografía de Iberia”. Alianza Editorial, Madrid, 2006

LORRIO, A.J.; Los Celtíberos. Real Academia de la Historia. Universidad Complutense de Madrid, Madrid, 2005

VV.AA.; I simposium sobre los celtíberos. Institución Fernando el Católico, Zaragoza, 1987

VV.AA.; Poblamiento celtibérico: III Simposio sobre los Celtíberos. Institución Fernando el Católico, Zaragoza, 1995



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Furia Española
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Registrado: 20 Dic 2010
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MensajePublicado: Dom Jul 17, 2011 4:01 pm    Asunto: Responder citando

Excelente trabajo.

Lo imprimiré para leerlo más despacito y con mapas.

Muchas gracias.



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Xoel_1988





Registrado: 20 Dic 2010
Mensajes: 397




MensajePublicado: Dom Jul 17, 2011 11:49 pm    Asunto: Re: Responder citando

Furia Española escribió:
Excelente trabajo.
Lo imprimiré para leerlo más despacito y con mapas.
Muchas gracias.


Uy, perdona, fallo mío, que copié el texto pero sin mapas... A ver subo algunos, que facilitarían bastante la comprensión, la verdad...


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